TRANSPOLITIK: ENSAYO DE MOVIMIENTO

Por Vanina Giraudo/Principios de 2018

Por la mañana llegan los beneficiarios al Altillo del Salario. Las barriadas no orgánicas de la periferia viajan en bondis que salen de la terminal, los pobres rurales llegan en bicicletas, los de las comunidades bolivianas e indígenas nunca se sabe cómo llegan. Más tarde llegan los poetas del apoyo y los otros que acompañan con un grupo imponente de compañeras trans, como se dicen las travas ahora. Reflejos de Montparnasse en la estrella que empezaba a brillar.

Finca El Altillo, al este de la provincia, donde la tierra se raja por falta de agua, a la deriva del rio Mendoza y del impuestazo. Antiguos propietarios de algunas parcelas con ansias de último gesto de progresismo, transfieren sus propiedades, entre palabras, a una especie de nueva militancia que dice viene de los piquetes, y las barriadas bien gestadas del conurbano del país. Que resistieron a Menem, que con el kirchnerismo estuvieron ahí: en algo bien difuso para explicar y que fue con la invasión M.A.C.R.I que van en busca de la estrella.

Una versión periférica de café Muller escenificaba la cantidad de sillas que había por ahí, que se movían de un lado para el otro levantando el polvo de una mesa a la otra, de una zona a la otra, de un tema al otro. Seguro fueron alquiladas, tenían una inscripción que decía: dios te ama, borrosa y ajetreada por el tiempo o el trajín del alquiler. Mientras la organización agitaba con sonido y micrófono el CRONOGRAMA, se asignaban temas, zonas, se iban armando los grupos, decían, los debates decían, con un tiempo para pensar, decían. Un colombiano gritaba los temas y un porteño definía las zonas, la gente se acomodaba entre tablones, movía las sillas levantando más y más polvo. Y así se fueron formando los temas: La Cordobazo, La 19 y 20, La 17 de octubre, La Viborazo, El Menemato. Porque toda tragedia, como toda polvareda, debería ser tragada.

Mientras un movimiento interno lo meneaba todo, al calor, a la tierra, al rio seco, a la ciudad perdida, a la militancia fundida, y sí, ahí estábamos todos como meneados en el Altillo del Salario, como esperando que la estrella brillara.

MANIFIESTO:

LA POTENCIA DE LOS CUERPOS NO ESPERA UN TIEMPO, ES UNA COMPOSICIÓN MOLECULAR SE DA CUANDO LAS CIRCUNSTANCIAS DESCOMPONEN LA NORMALIDAD, ES UNA FUNCIÓN MATEMÁTICA, ES LA ABSTRACCIÓN MÁXIMA, ES LA ECUACIÓN ESTRELLA, SE CRECE EN ESPERPENTO, SE AGITA LA BURLA: MORAL, CRISTIANA, POLÍTICA Y COTIDIANA, DE CADA SAQUEO, SE INCORPORAN LAS PASIONES A CADA GESTO, SE VINCULA EL GOCE ESTÉTICO Y SEXUAL. EL MOVIMIENTO DESACOPLA LA ÉTICA DE LA MORAL, Y AL FIN VACÍA DE RESTOS DE REPRODUCCIÓN, EN UNA RELACIÓN PRESENTE: EL ENCUENTRO, LO FORTUITO, EL AZAR, EN LA INTIMIDAD DEL MAPA ANUDA UN REVUELO POR VENIR.

La parte de la Conny

La Conny no tenía nada que envidiarle a la Skeffington, ella era real. Lucía unas largas piernas reptileanas rojas engomadas, botas azul francia talla 43, y un remerón escotado que permitía mostrar sus atributos adquiridos en la gestión anterior. Con trabita en el pelo despejaba la cara para impactar mostrando sus ojos pintados de verde. Calladita y dispuesta es la primera que deserta del CRONOGRAMA, con necesidad de fresco anticipa que se va en busca de su propio Sinaí. Desde una de las mesas podía verse a la Conny camino a los olivos en un zarandeo perplejo entre las hojas que, como fuegos o artificios, se deshacían de su atuendo quedando en cinco segundos fugazmente desnuda bajo un frondoso y fresco olivo. Dispuesta a pasar la tarde ella que siempre estaba dispuesta a todo, extiende su cuerpo, luego sus cartas formando un mándala anómalo para indagar en la estrella. Petacas cigarrillos y porros serían los atributos de la tarde y así pasaban las horas y de lejos, de a ratos, ella dejaba ver su reptileano ser.

Desde su Sinaí atraía las miradas más audaces y despertaba relatos gozosos entre los que seguían el CRONOGRAMA. Dicen que en la zona del Menemato un boliviano empezó a gritar: “… y los huevitos, y las papitas y el ají todo arribita lo daría para ti…” El coordinador de mesa le pregunto: Ramón ¿esta es tu lucha? “…toda ella es mi lucha y los huevitos y las patitas”  –dijo-. Creyeron que alucinaba de hambre. Él veía a la Conny y ofrendaba su alimento de antemano, pero no fue entendido.

Del lejos, la Conny cada vez que se dejaba ver, su mandala era distinto. Entre sus largas piernas, sus cartas, sus pies, sus pelos, todo se movía, se transformaba, brillaba en una bruma alucinada. Uno de los poetas, ante el sopor y la falta de alcohol que le agitara la tarde, la sigue con la mirada y se lanza tras su petaca. La Conny la tenía vacía: solo decoraba su posar. Ante la mirada desahuciada del poeta, lo invitó una tirada de cartas, le habló de la estrella, del brillo y de la explosión final. “No creas que voy a morder tu sexo, el salario me da mística, en este apocalipsis seco, léeme un poema”.

Y el poeta leyó:

Escribimos sobre el cuero del perro muerto

nosotros los salvados usamos pantalones aviolinados

vemos al obrero caminar con pala al hombro

a la construcción vemos su pala nos parece un fusil

nos alegramos nos los salvados tenemos

la carne junta el tejido unido y si nos asesinan

todos lloraran como en velorio de un recién nacido.

 

La parte de la Alma

El cronograma había sido cumplido, al fin todos se disponían para el almuerzo, movimientos en las cocinas, en las parrillas, en las mesas. Ya se expusieron los temas, las luchas y todas las cosas que se preguntan siempre. Los niños la flayeaban flúo, se empujaban, se pegaban, lloraban, solos y entierrados, en su plástico inflable, su territorio salvaje les quitaba el hambre.

La mesa de los papines fue arrebatada por todo progresismo rumiante y, al mejor estilo, en una franja pequeña que dividía la sombra perfecta del terrible sol, al borde, sí, de todo, marcando y remarcando el borde. El marica recién llegado y envuelto en orgullo se juntó con ellas, una imagen pastoril: el Anticristo y las Hijas de la Putez. Y así como comiéndoselo todo, el lenguaje se ampliaba de faso, de birra, de yutas, de chongos, correderas, marcha, contra marcha, megáfono y las muertas.

Entonces, la Alma, que le sobraba entender, como levantada entre la lengua, encarnaba la estrella. Viajada de Capital, se sabía fugar, se agarraba al micrófono y medio disimulada empezaba su lucha: las travas. Y así fue hilando detalle por detalle, para el que todavía tenía dudas, la agitó con el cuerpo, con el grito, con todo lo que había estado AUSENTE, un despliegue de movimientos a pura consigna y sangre. Se despachó contra M.A.C.R.I. contra todo lo normado que aplasta y entierra. PORQUE NO HAY VELITA PARA LLORAR LA MUERTA, DECRETABA LA ESTRELLA.


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