DARK

Dark

 

 

Por Verónica Benitez y Patrick Boulet

 

 “Cuando cortejas a una bella muchacha, una hora parece un segundo. Pero te sientas sobre carbón al rojo vivo, un segundo parecerá una hora. Eso es relatividad“.

Albert Einstein

 

Comentar, analizar una ficción supone siempre aclarar que no se pretende adivinar qué quisieron decir sus autores, ejercicio siempre vano, sino contar que nos sugiere desde nuestro lugar de espectadores en el vuelo que cualquier obra artística toma una vez expuesta.

Dark es una serie alemana que se ha difundido por la plataforma de streaming Netflix, con tres temporadas desde el año 2017 hasta la última hace quince días. La autoría es de  Baran bo Odar y Jantje Friese .

En la apatía del streaming es una producción que se destaca, quizás por tener una fuerte historia atrás y jugar durante tres temporadas con la muerte, el tema irresuelto de toda la historia literaria

El gran Kierkeggard solía decir ” Una sonrisa tiene más fuerza en el Otro que el más profundo de los pensamientos, pero los alemanes no lo saben“. En esa Alemania, en la pequeña aldea de Winden, ocurren una serie de desapariciones que parecen no tener fin. Todo en un bosque silencioso y frío, con gente preocupada, pensante y seria.

En un paisaje casi siempre oscuro, con la presencia amenazante y envolvente del bosque, tan repetido, pero en este caso con gran logro de omnipresencia .  Siempre llueve mucho, quizás sólo un detalle del clima de alguna zona, pero también da la sensación de desamparo profundo de las mujeres y varones ante el devenir que los envuelve.

El destino parece mandarlo todo, pero toda la historia es el intento, trágico casi siempre, de modificarlo, juego consciente con las ideas de Hegel en el eterno devenir del Espíritu, en donde siempre somos prisioneros de un tren que no manejamos. Las mujeres y hombres están presos de un destino que hasta bien avanzada la serie no comprenden.

Se van mezclando las historias de cuatro familias, de las cuales algunos integrantes viajan en el tiempo, lo que obviamente dinamita el mundo de las relaciones, dado que se vuelven abuelas de sí misma o tías de su novio, entre tantas posibilidades. La vieja historia del viaje en el tiempo se mezcla con la de mundos paralelos, citando a Einstein  y su permanente duda sobre el  espacio y el tiempo.

El intento de vencer a la muerte de un físico local ha comunicado a mundos diferentes provocando una repetición de tragedias que parecen no detenerse. Quizás en homenaje a Niestzche el Eterno Retorno ocurre en un reloj constante de tres tiempos de ficción, ” todo lo que pasa, ya pasó y volverá a pasar”, y nada se puede hacer mientras los mundos que nunca debieron juntarse sigan comunicados.

También en Alemania el engaño, la corrupción, la mentira y el egoísmo son constantes. La policía no aporta y.., Nadie es “muy bueno”, por lo tanto tampoco hay  “tan malos”, la imagen de la Alemania ordenada y prolija , se pierde largamente entre mentiras y corrupción. No todo en Europa parece ser racional y medido.

Una dulce pareja de adolescentes, Martha y Jonas , con el peso-impedimento de ser de mundos diferentes, caminan de la mano para intentar ubicar las piezas en su lugar y volver al camino del destino, aquel que nunca debió romperse. Atrás suenan los versos de Louis Amstrong sobre un mundo maravilloso. Quizás con sus lágrimas paguen el pecado de otros, los que saltaron el tiempo,

El Fin es el Principio, suelen repetir Adán y Eva, los protagonistas ya  ancianos , gastados de viajar y quizás en esta frase, en el homenaje a Hegel y a Nietzsche , se resume el cuento. No podemos zafar de la historia que vuelve a repetirse. Sin embargo, soñamos, deseamos zafar todos los instantes de nuestras vidas, aquello que Freud llamaba la pulsión de vida, quizás nunca lo logramos, pero se nos va la vida en ello, y vale la pena. 

Adán y Eva

“Este era el árbol del bien y del mal. Si comían el fruto de este árbol, sabrían lo que era bueno y lo que era malo, pero tendrían que abandonar el Jardín de Edén. “Génesis 2:16-17

En referencia a los dos mundos que representan los protagonistas de Dark, tomando de la biblia los personajes Adán y Eva y el espacio del cual eran parte y por obra del pecado perdieron, el paraíso; nos paramos para realizar un análisis de esta serie contemporánea, compleja y de las más exitosas de Netflix.

Durante las tres temporadas pudimos observar un entramado de relaciones, viajes en el tiempo y mundos que planteaban una historia difícil de seguir a “simple vista”. En la primera temporada observamos lo que ocurría en un mundo, en la segunda y tercera lo que ocurría en otro mundo y en el capítulo final el paraíso.

Un paraíso como un tipo de redención y hasta un gesto de piedad de les autores de la serie para poder explicar y entender, cada uno desde las subjetividades que nos atraviesan, el planteo de una historia contada con diferentes elementos y herramientas teóricas. Desde la biblia, hasta la química, filosofía, psicología y metafísica. No le falta ni le sobra, quizás sea esa una de las razones del éxito.

En cuanto a las relaciones y sucesos que van ocurriendo donde cada personaje hace lo posible y lo imposible para mantener su “mundo” aunque eso significara destruir al otro, los personajes van transitando constantemente entre la vida y la muerte, el amor y el odio, entre la tristeza profunda y el camino a la felicidad, entre la alegría y la paz que parecen nunca llegar.

Esos mundos donde cada personaje simboliza de manera potente la vida y la muerte, el bien y el mal; pero ambos movilizados por el amor y el odio. ¿Cuál es el sentimiento impulsor que tienen en común en el mundo de Marhta y Jonas? El amor. Nos encontramos con madres y padres viajando por el tiempo para intentar mantener con vida a sus hijos, intentando recuperar a los perdidos, intentando sanar y salvar de la muerte a quienes tienen un destino fatal.

Eso pasa con Claudia y Regina, con Eva y su hijo, con Katharina, Ulrich y Mikkel, con Elizabeth, Noah y Charlotte, con Peter y Fransiska En fin, todas las relaciones de padres, madres e hijos envueltas en conflictos y errores que pretenden remediar hasta llegar al punto de origen donde nos volvemos a encontrar la historia de un padre, un hijo, una nieta y un accidente. Parece que el valor de la familia como hilo conductor y como base fundamental del relato, son la causa y efecto de un laberinto sin salida, del mito del eterno retorno.

Y así, en un transcurrir de capítulos nadando en un existencialismo que a veces dejaba a los espectadores no solo con dudas sino con angustias llegamos a un final que nos devuelve el aire, nos entrega una mirada que rompe la dualidad y el binarismo que nos rige. Llega un cierre que a nuestro entender no podía ser mejor, y deja ver que muchas veces la tercera posición es el camino a la felicidad. Ese es el paraíso. La esperanza, volver a empezar, resignar, reconocer que muchas luchas y batallas que damos son en vano, tener el valor, la humildad y el coraje de renunciar, de soltar, de dejar atrás, y darle lugar a lo nuevo.

La historia se repite, el karma nos persigue, el ciclo comienza y termina una y otra vez hasta el infinito. De repente, un giro, un volantazo, y la decisión de una mujer de salir de las únicas dos alternativas existentes nos llevan al lugar donde siempre quisimos, al paraíso.

No desilusiona Dark en todo su largo y complejo recorrido de tiempo y personajes que antes o después se unen. El tiempo y la muerte profundamente abordados no pueden fallar en una ficción y Baran bo Odar y Jantje Friese lo manejan con soltura. El antiguo mandato conservador que prohíbe a las y los humanos alterarlos ( al tiempo y a la muerte) aparece en toda su potencia. Su alteración abre la reja a los Jinetes del Apocalipsis y a la tristeza sin fin. La vida eterna entonces no puede ser otra cosa que un dolor que no cesa. Cómo Gilgamesh, el sumerio, sus prisioneros vagan en la oscuridad suplicando morir.

Buena serie, diferente a la mediocridad general de la plataforma de onda.

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