MENDOZA NEOCONSERVADORA

Por Rodrigo Aguilar

No fue algo que arrastraba como las patas la sociedad mendocina, no fue una refrescada de la sociedad históricamente conservadora que supimos debatir, cuestionar y tratar de entender. No. Fue un proyecto nuevo. Fue un intento nuevo; que ahora, mirando  tras los años y las transformaciones culturales, se realizó. La Mendoza neoconservadora es un artefacto a lo Frankenstein, tiene vicios y virtudes humanas, y tiene tecnologías novedosas. Cosas viejas y nuevas. Se fue armando y articulando como el monstruo de la novela. Ensayo y error, pero por supuesto; una idea y unos ideólogos. Veamos.

La idea es el proyecto, hacia donde ir, que construir. Una sociedad que pudiera interpretar el mundo del siglo XXI y sus días en él bajo el signo de lo estático, lo fijo, lo dado, lo que está, lo que hay que conservar. Si, pensaste bien: los privilegios de los que viven en “el mejor lugar para vivir en Argentina” según encuestas de dudosa procedencia y dudosa financiación. Embellecer los ya bellos lugares que corresponden ya casi por abolengo, a quienes relatan y ejecutan el proyecto. Nada de cambios sociales, nada de progreso, nada de movilidad social y muchísimo menos de integración social de las enormes masas que viven en la periferia en realidades miserables, incomodas, polvorientas y con mucho hedor latinoamericano, a lo Rodolfo Kusch. La Mendoza fragmentada no es un tema ni de conversación casi, mucho menos de políticas públicas. De la Mendoza pobre no hay que ni hablar, y por nada del mundo dejar que hable ella, la pobre. 

A los ideólogos sería muy fácil buscarlos (y encontrarlos) en la fracción del radicalismo que asumió el poder allá por 2015. Pero esa obviedad esconde a muchos más;  políticos de otros partidos, empresarios, comunicadores, intelectuales y referentes sociales, que están y se muestran cada tanto; cuando hace falta reafirmar las  frágiles y repetidas actuaciones de parte del elenco gobernante, cuando tiembla la escenografía montada para reproducir una y otra vez lo que hay. Entonces opinan y tiran frases cubiertas de una extraña lógica culpadora de las tragedias a las propias víctimas de la misma: Cuando la crisis del agua (7722) “es gente que infunde miedo” ; cuando los trabajadores estatales estallan de bronca porque no aceptan el rol de financiadores del gasto en maquillaje urbano de intendencias y gobierno, “¿no ven que los privados están peor?” o “se comen la tortita de los alumnos” ; cuando el mal gobierno deja morir a las niñas en manos de los chacales criados en la sociedad del mérito, el éxito, la posesión (de lo que sea) y la pose perpetua, “los padres no cuidan a sus hijos”; cuando los chacales de uniforme patean manifestantes en el piso o los arrancan de la calle a comisarías “es que están violando el orden público”; si una mujer paga el boleto de alguien que no puede hacerlo “comete un delito”. Podemos seguir, no hace falta. Ahí esta el patrón de conducta.

Es el dispositivo socio cultural, que, como Frankenstein, se va rearmando ante las contingencias que el tortuoso vivir de las mayorías le exige. En una gimnasia de autoaprendizaje y mejora para responder a los seguidores del modelo, de explicarles que el modelo no falla, que ese “grupito” que grita y denuncia lo que esta mal, en realidad son fanáticos con ideas extrañas y extranjeras al mendocinismo, esa forma de vivir que hemos elegido los mendocinos que va por el medio y en equilibrio, que rechaza a los “ultra” de lo que sea. Cualquier analogía con las centroderechas que se pasean por los países centrales será válida, porque este neoconservadurismo mendocino es de todos menos zonzo, y ha sabido articular con los centros de poder mundial y fundamentalmente con sus usinas de sentido y pensamiento. No solo los directores generales de escuelas fungen de transmisores de estas concepciones de la meritocracia feudal, sino que no se pierde oportunidad de presentar pensadores racionales (economistas o politólogos) o emocionales (psicomotivadores o neurocientíficos), foráneos todos, que son recibidos como auténticos gurúes  en lo suyo. 

 

Si  restringimos el análisis de este proyecto de época a lo político, nos perdemos de ver la amplitud social que tiene un complejo socio ideológico de este tipo. Para entender esto pensemos en que no se trata de ganar elecciones (cosa que se viene haciendo y bastante regularmente), sino que los triunfos electorales son casi un devenir natural si se logra construir transformaciones culturales como las que venimos mencionando. Se trata de reconstruir subjetividades, maneras de pensar, de sentir y de actuar, de opinar y expresar estos sentires. Se trata de consolidar minorías intensas y transformarlas en mayorías que sean activas en cuanto a la defensa del status quo, que coincide con las voluntades políticas de los gobiernos provinciales y departamentales también. Se trata de que los ciudadanos y las ciudadanas construyan su ciudadanía de voto, pero fundamentalmente de expresión, de manera tal que todos sean agentes de convencimiento de los demás.

Es la victoria cultural, la que viene después de la batalla cultural. El resultado de esta.

La nueva sociedad neoconservadora mendocina se ha realizado y ahora esta dispuesta a dar pelea y defender el modelo; más aún cuando el fracaso del Macrismo a nivel nacional la dejo indefensa y al descubierto, pero rápida de reflejos (la flexibilidad adaptativa es una de sus mejores armas, no tiene ideas fijas ni absolutas, no tiene convicciones, la única es defender lo suyo) encontró en el antagonismo al peronismo nacional 2019 ( una nueva versión del gorilismo) su nueva razón de ser. Y ahi nació el “mendoexit”, la versión más bizarra o “el equilibrio entre salud y economía en pandemia”, como diferenciación de lo que peligrosamente se asomó en las elecciones PASO a presidente de 2019: la aparición de una alternativa al modelo neoconservador local. Hasta ahora el duelo se sigue dando, difícil es verlo porque el esquema propagandístico pautado inunda radios, TV,  blogs de familias millonarias y entusiastas periodistas que no vacilan en hacer el ridículo en cada parada que esta comedia local les depara. 

Difícil es para el pueblo también, que, como el hombre que esta solo y espera, aguarda sentado en la estación la llegada del tren de la historia que lo rescate en forma política de este sueño hipnótico y zombie que Frankenstein practica.              

 

2 thoughts on “MENDOZA NEOCONSERVADORA

  1. Me parece una muy buena nota para empezar a desentrañar ese caretaje tan propio del mendocino promedio Es un tema muy complejo pero fascinante a nivel sociológico El perro que cuida la casa del amo, los desclasados

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