El peronismo en “el patio de los objetos”

¿por qué no pensar al peronismo al revés, justo ahora, que quienes ya se muestran candidatos a algo no son más que individuos con afán por entrar en “la pequeña historia”, mientras por abajo se dan, sin pedir permiso, espacios de discusión y organización de colectivos que pujan por entran en La Gran Historia?

Marcelo Padilla

La escritura libre o la corriente del inconsciente a veces logran encontrar nuevas formas de comunicar un pensamiento. Comunicar implica también desplazar el sentir. Y el sentido por comunicar inyecta en el texto de lectura otro interés, divergente al tradicional y canónico de los académicos que llenan de citas sus documentos o ensayos, helados de ajustamiento a la burocracia del lenguaje. Incorporar lecturas y luego comunicarlas urgen un proceso de mediación, una complicidad que solo se logra muchas de las veces con lo imprevisto. Hablar de peronismo hoy en la argentina neoliberal no necesitaría de citas del propio Perón. Al contrario. Cuando se está “en pelotas” y lo has perdido todo, hay que proponer nuevos desafíos de lectura y de escritura. Por ejemplo: el “manual de conducción política” del General es casi una biblia donde reparan los peronistas dirigentes y dirigibles. No es que lo desconozca, es parte de la tradición de la literatura peronista escrita por el propio Perón y puesta a circular por la militancia. Sin embargo con eso no basta. Primero porque no habría una sola lectura de ese texto. Y, como toda lectura, es culpable.

Ahora sí voy a hablar de un autor, no citándolo sino traduciendo “mi lectura culpable”. El autor es un peronista que miró a lo lejos y se zambulló en el pensar de las masas, en el del ciudadano apostado en un cafetín, en el del indio del altiplano, en la barbarie sin más. Rodolfo Kusch:  filósofo platense, antropólogo, expulsado de la Universidad y exiliado en un pueblito perdido, casi distópico, en Jujuy. Ese pueblito se llama, o lo llaman, Maimará. Allí fue con su compañera y sus hijos. Y luego de la experiencia de vivir en la ciudad pudo comprobar, o alejarse para comparar, al hombre de la ciudad y al hombre del altiplano. Dos modos de estar en el mundo.

Rodolfo Kusch

Kusch plantea una disyuntiva interesante: “el ser occidental” de la ciudad frente al “mero estar” del hombre del altiplano. No obstante, aunque algunos lo acusen de indigenista, lejos está de esa simple clasificación y de todo esencialismo. “El ser” en la ciudad es una conquista de los mercaderes del siglo XV y XVI que colonizaron estos lugares latinoamericanos. Formaron las ciudades y, el proceso de formación de las ciudades llevó al individuo al “afán por ser alguien” en la ciudad. “Ser alguien” en la lógica capitalista que persigue objetos, saberes y técnicas. En ese afán el hombre se olvida de su espiritualidad  –que nada tiene que ver con la religión de estado- y pasa a adorar a los objetos. Por ello Kusch llama a las ciudades “el patio de los objetos”, donde se guardan los bienes a conquistar por el afán del hombre de “ser alguien”. De ahí… la destrucción de la naturaleza, despegada y concebida como un objeto. En “el mero estar” del pensamiento ancestral y en el de las masas, las divinidades rigen el ciclo de la vida que respeta a la naturaleza porque es considerada parte. De ahí que no se comprenda desde una visión positivista a la gente que vive solo de la crianza de ovejas, llamas, chivos, en una “economía de amparo”. Una “economía de amparo” es una forma de relacionarse con el cosmos. De ahí que el ciclo del sol constituya una forma de organización comunitaria, especialmente en el ciclo agrícola.

¿Qué tiene que ver todo esto con el peronismo? Pues bastante. Porque Rodolfo Kusch no se detiene en el pensamiento ancestral para cosificarlo. Por el contrario, lo entiende dinámico y advierte que en las ciudades pobladas producto de los procesos demográficos del capitalismo en su fase industrialista “la ciudad” representa para el que emigra de sus pagos una “fantasía de salvación”, una oportunidad de “ser alguien”, de ser individuo y no comunidad. Y en ese afán la mayoría encuentra el límite que ponen los mercaderes, primero comerciantes pequeños y luego burgueses oligárquicos. Ese límite vendría a “reconstituir la relación entre el mero estar de los pueblos suaves movidos por las aspas de las divinidades y la idea de masa o comunidad”. Donde el individuo se licúa en un proceso de desplazamiento hacia otros valores como la solidaridad y la lucha por los derechos estorbados por los mercaderes. Por eso es que crean nuevos semidioses hombres/mujeres para ser representados “en el pensar y sentir”, en “el estar” en la ciudad, en las celebraciones paganas, en las liturgias y en la mística.

En definitiva, recuperan el pensamiento mágico y cultural en “el patio de los objetos”, la ciudad. Buscan y empujan por entrar en La Gran Historia frente a la “pequeña historia” de los liberales que ven solo héroes y masas conducidas. La Gran Historia es la que hace la masa y la comunidad y, la “pequeña historia”, es un deliberado ajuste del mercado que hace de San Martín, Perón, o quien sea, solo “individuos héroes” que condujeron masas sin saberes ni conocimientos. Y en Kusch es al revés. La masa crea en “el patio de los objetos” a sus líderes. Porque en la emigración de sus suelos también llevan además de sus cuerpos como fuerza de trabajo, formas de “economías de amparo”, “el mero estar del hombre americano” cuidando su parcela y adorando al sol. El peronismo sería una de esas creaciones populares de la masa que crea, pare y desenfunda a su líder. Y, en el propio peronismo: “esa inmensidad que no se sabe”, hay quienes quieren “ser alguien”, formar parte de la “pequeña historia”, y otros quienes quieren “estar siendo” masas revoltosas creando espacios de liturgia desde el llano o desde las plazas de los barrios. Y eso hizo Rodolfo Kusch, se preguntó por qué no pensar el país al revés. Pues bien, ¿por qué no pensar al peronismo al revés, justo ahora, que quienes ya se muestran candidatos a algo no son más que individuos con afán por entrar en “la pequeña historia”, mientras por abajo se dan, sin pedir permiso, espacios de discusión y organización de colectivos que pujan por entran en La Gran Historia?

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