VENAS ABIERTAS EN LA JUSTICIA MENDOCINA

Por Alfredo Guevara

Contó Eduardo Galeano la conmovedora historia de un ejemplar de “Las Venas Abiertas de América Latina” perforado por una bala asesina mientras se encontraba en la mochila de un joven sandinista durante la lucha contra la dictadura somocista.
Lo mismo se puede decir de otro ejemplar de ese mismo libro encontrado en Mendoza.
Silvia Ontiveros (foto principal, declarando en tribunales), quien había sido secuestrada y torturada durante la dictadura integró la comitiva de la Comisión Nacional contra la Desaparición de Personas que inspeccionó entrados los años 80 el tenebroso D2, el centro clandestino de detención, tortura y muerte emblemático del terrorismo de estado mendocino.
Ella misma pidió abrir una celda, y con sorpresa los asistentes verificaron que se encontraba llena de libros. Sobre una de las pilas reconoció su ejemplar de “Las Venas Abiertas” también secuestrado por los represores.
Era indudable: el libro contenía la dedicatoria dirigida a ella manuscrita por su hermano en la primera hoja.

Esta prueba contundente de la verdad de lo ocurrido en el D2 permaneció oculta durante décadas por las leyes de impunidad, hasta que producto de la lucha de Silvia y los organismos de Derechos Humanos se ventiló en los primeros juicios de lesa humanidad en la justicia federal allá por 2010.

Dijo el poeta que imprescindibles son quienes luchan toda la vida. Una imprescindible es Silvia Ontiveros, quien en 2004 sufrió la pérdida de su hijo, el brillante Alejo Hunau quien entre otras muchas actividades hizo vanguardia en la aburrida televisión local con su programa “El Ático”.

Alejo fue asesinado brutalmente por Diego Arduino, personaje siniestro que se encontraba prófugo de la justicia por otras causas, que fue visto por testigos en la escena del crimen, donde además se encontró su ADN. Durante el juicio se demostraría que el asesino amenazó y atacó sistemáticamente a los testigos para procurar su impunidad, entre ellas a su propia esposa.

La Cámara del Crimen absolvió al asesino con un argumento aberrante: la homosexualidad de la víctima.

A raíz de este argumento homofóbico Silvia siguió luchando, los jueces fueron recusados y finalmente separados por la Corte Suprema que ordenó la realización de un nuevo juicio donde el asesino fue condenado.

En 2016 el gobernador Cornejo embarcado en la derechización absoluta y destrozando todo vestigio de republicanismo que pudiera existir en el partido de Alfonsín, decidió nombrar a uno de los autores del aberrante fallo homofóbico, José Virgilio Valerio como su comisario político en la Corte Suprema de Justicia de Mendoza. Allí se encontró con Silvia, que con su dolor y su historia enfrentó a los siniestros autoritarios disparando, como las Madres de Plaza de Mayo “A mí hijo lo voy a seguir defendiendo”.

Alfredo Cornejo y Jose Valerio

Termina un ciclo autoritario y los responsables de degradar la democracia, infectar de odio el debate público y causar tanto sufrimiento a los más sumergidos apuestan, como lo hizo tradicionalmente la oligarquía mendocina, a la fragilidad de la memoria popular para continuar degradando las instituciones. Desconocen los herederos de Emilio Civit que, como dice la canción,  la memoria pincha hasta sangrar a los pueblos que la amarran y no la dejan andar libre como el viento.

 

Alejo Hunau

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