DEL FUSILAMIENTO DE DORREGO A LA MISERIA PLANIFICADA CONTRA JUANA MATORRAS (JOSE DE SAN MARTIN)

 

Por el licenciado Sergio Eschler

Parafraseando a Rodolfo Walsh, pero sin propiciar un anacronismo, el proceso desarrollado en 1829, que tiene como actor principal a José de San Martín, se puede rotular de miseria planificada, no solo por su abortado desembarco en el Rio de la Plata, sino también por los hechos anteriores. . El fusilamiento de Dorrego el 13 de diciembre de 1828, no solo trajo la consternación social, sino las proscripciones y castigos contra los federales, una constante a los largo de estos 200 años cada vez que desde la política se intentaron combatir intereses de statu quo en las diferentes circunstancias.  El destino de Mariano Moreno, Hipólito Yrigoyen o Juan Domingo Perón, por nombrar algunos, son claras referencias históricas de la crueldad a la que fueron sometidos por sus adversarios políticos.

El 6 de febrero de 1829 anclaba en la rada frente a Buenos Aires el buque inglés “Chichester”, trayendo como pasajero desde Inglaterra al general José de San Martín, embarcado de incógnito bajo el nombre de José Matorras. De tiempo atrás tenía proyectado este regreso para poder morir en su patria; “quiero –decía con amargo pesimismo- concluir mis días en mi chacra, separado si es posible de la sociedad de los hombres”.  Al pasar por Río de Janeiro se enteró de la revolución del 1º de diciembre y en el puerto de Montevideo supo el fusilamiento de Dorrego.  Al divisar conmovido, desde el buque, a Buenos Aires, que estaba desgarrada por la anarquía y los odios políticos, ratificó la firme resolución de no desembarcar y volver al ostracismo. El general había engrosado y encanecido; pero conservaba los ojos “siempre centellantes y su aspecto nada había perdido de cuando conducía sus legiones a la victoria”.

Traslado del cadáver de Dorrego

Pero el confidencial Juan Matorras, luego de  atender a los emisarios del General unitario, y de escribirle una carta a dicho fusilador, le confiesa a sus amigos O’Higgins y Guido a quienes les dirigió sendas epístolas  para explicarles plenamente las causas de su actitud y su diagnóstico político, que resultó una profecía admirable por la exactitud con que más tarde se realizó:

“Las agitaciones consecuentes a diecinueve años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido, y más que todo, -dijo San Martín- la difícil posición en que se halla en el día Buenos Aires, hacen clamar a lo general de los hombres que ven sus fortunas al borde del precipicio y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre, no por cambio en los principios que nos rigen, sino por un gobierno riguroso, en una palabra, militar, porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra.  Igualmente convienen y en esto ambos partidos, que para que el país pueda existir es de absoluta necesidad que uno de los dos desaparezca.  Al efecto se trata de buscar un salvador que, reuniendo el prestigio de la victoria, la opinión del resto de las provincias, y más que todo un brazo vigoroso, salve a la patria de los males que la amenazan.  La opinión, o mejor decir, la necesidad presenta este candidato: él es el general San Martín…  Partiendo del principio de ser absolutamente necesario el que desaparezca uno de los dos partidos de unitarios o federales, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública, ¿será posible sea yo el escogido para ser verdugo de mis conciudadanos y cual otro Sila, cubra a mi patria de proscripciones?  No, amigo mío, mil veces preferiré envolverme en los males que ser yo el ejecutor de tamaños horrores.  Por otra parte, después del carácter sanguinario con que se han pronunciado los partidos contendientes ¿me sería permitido por el que quedase vencedor de una clemencia que no sólo está en mis principios, sino que es del interés del país y de nuestra opinión con los gobiernos extranjeros, o me vería precisado a ser el agente de pasiones exaltadas que no consulten otro principio que el de la venganza?  Mi amigo, es necesario que le hable la verdad: la situación de este país es tal, que al hombre que lo mande no le queda otra alternativa que la de someterse a una facción o dejar de ser hombre público.  Este último partido es el que adopto. Ud. conocerá que en el estado de exaltación a que han llegado las pasiones es absolutamente imposible reunir los partidos en cuestión, sin que quede otro arbitrio que el exterminio de uno de ellos.”

San Martín volvió porque lo llamó el entonces gobernador Dorrego. Lo había convocado porque todavía no había terminado la guerra contra el Brasil y ya había caído su enemigo Rivadavia.  La idea de Dorrego era que San Martín se hiciese cargo del conflicto militar.  Pero cuando llegó, Dorrego había sido asesinado y los autores del crimen habían sido Rivadavia y sus agentes, eso lo dijo el propio San Martín en una carta de la época.  Juan Lavalle era sólo la cara del golpe, “la espada sin cabeza”, como diría años después Esteban Echeverría. San Martín no quiso darle amparo con su prestigio a ese gobierno y retornó a Europa para siempre, según sostiene el historiador Fermín Chávez.

En este nuevo aniversario del fusilamiento de Manuel Dorrego, producido el 13 de diciembre de 1828, me pareció oportuno reflotar este proceso que involucró a General San Martín, poniendo en valor un hecho olvidado por la historiografía oficial mitrista, porque profundizar en este fallido intento del Libertador, era poner en evidencia la miseria planificada, no solo contra él por codiciarlo como pacificador y sujetarlo al centralismo autoritario de Lavalle, sino sobre el Coronel Manuel Dorrego fusilado por los huestes del proyecto ilustrado unitario pro británicos, funcionales a los intereses del fundador de la Nación en el contexto que desarrolla la enjuagada historia del retorno del General, con la única finalidad de soldarlo al ideario oligárquico.

Si este retorno se hubiese efectivizado, la súplica de su testamento para que su corazón descanse en Buenos Aires no se hubiese escrito. Sin olvidar, que tardaron treinta años en cumplir esta voluntad. De estas miserias planificadas desde los sótanos del poder, habla nuestro pasado, pero también nuestro presente.

 1 Fragmento extraído del Portal: www.revisionistas.com.ar 

Referencias

Gral. José M. Paz – Memorias, Tomo II.

Carta que fue facilitada por el Sr. Carlos de Lezica.

Carta a O’Higgins, en el libro “San Martín.  Su correspondencia”, publicado por el Museo Histórico Nacional.

Memoria de Manuel Olazábal.

Memorias de manuel Olazábal, y Plácido Abad, “El general San Martín en Montevideo”.

Archivo de la Nación.  Legajo del Archivo de Lavalle.  Nota del 15 de abril de 1829 de los Sres. Trolé y Gelly a Lavalle.

San Martín.  Su correspondencia, publicada por el Museo Histórico Nacional.

San Martín.  Su correspondencia, publicada por el Museo Histórico Nacional.

San Martín.  Su correspondencia, editada por el Museo Histórico Nacional está la Carta a O’Higgins.  En los documentos del archivo de San Martín, publicados por el Museo Mitre, tomo IX, está la carta a Guido.  El Dr. Mariano de Vedia y Mitre en un artículo sobre la revolución de diciembre menciona la carta de Guido.  Revista Humanidades.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Ibarguren, Carlos – Juan Manuel de Rosas.  Su vida, su drama, su tiempo – Ed. Theoria – Buenos Aires (1972).

Revista la Maga – Buenos Aires, miércoles 16 de agosto de 1995 – Reportaje a Fermín Chávez.

 

[1] Fragmento extraído del Portal: www.revisionistas.com.ar

 


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