En una nueva edición de La Hora Contada, el programa cultural de Zona Crítica Cuyo, nos sumergimos en el complejo y fascinante universo de la escritura en la piel. El episodio, dedicado con profundo respeto a la memoria del destacado reportero gráfico mendocino Coco Yáñez, contó con la visita de Fennel, diseñador gráfico, ilustrador y tatuador, quien compartió una mirada antropológica, artística y profundamente humana sobre el arte de tatuar.

A lo largo de la historia, el tatuaje ha transitado por una multiplicidad de significados: desde la sacralidad de los rituales antiguos hasta la marginalidad de los entornos carcelarios, para finalmente consolidarse como un fenómeno masivo en la cultura contemporánea.

Los orígenes: el dolor como transmutación

Para comprender el tatuaje actual, es necesario mirar hacia atrás. Fennel explicó que hace más de 5,000 años, las marcas en la piel no respondían a una mera elección estética, sino a ritos de paso y transmutaciones espirituales, como la transición de la adolescencia a la adultez o la adquisición de un nuevo estatus social.

En estas prácticas ancestrales —así como en la tradición de los marineros del siglo pasado— el dolor jugaba un papel fundamental. “Atravesar el dolor era parte de la marca y de la significancia que tendría posteriormente”, señaló el artista. El dolor no se entendía como masoquismo, sino como el vehículo necesario para fijar una historia o una experiencia de superviviencia en el cuerpo.

Cicatrices que cuentan historias: tatuar para sanar

Uno de los momentos más íntimos de la entrevista giró en torno al uso del tatuaje como herramienta de catarsis y sanación. Fennel compartió su experiencia personal al intervenir dos grandes cicatrices que tenía desde su infancia. Lejos de intentar ocultarlas con un diseño convencional, decidió llenarlas de color y tinta negra, resignificándolas mediante una performance ritual.

Invocando una frase del poeta sufí Rumi, “la herida es por donde entra la luz”, el tatuador explicó cómo el acto físico de abrir la piel con una aguja puede ayudar a enfrentar un trauma y amigarse con el propio cuerpo. Para muchas personas, el tatuaje actúa como un autorregulador emocional: un dolor físico y real que ayuda a exteriorizar y dar sentido a dolores internos que no pueden expresarse con palabras.

Épocas, estatus y la política del cuerpo

El estilo de los tatuajes también funciona como un documento histórico. Así como los tribales y las iguanas marcaron la década de los 90, la actualidad se caracteriza por una sobreestimulación absoluta donde conviven múltiples corrientes: desde el realismo hasta el estilo “neotribal” o el “tatuaje basura” (basado en garabatos y propuestas más abstractas).

Fennel analizó cómo el tatuaje sigue siendo un territorio de disputa política e identitaria. Aunque la masificación ha limado ciertos prejuicios, todavía persisten estigmas de clase y barreras laborales que condicionan en qué partes del cuerpo decidimos tatuarnos. Asimismo, problematizó fenómenos actuales del mainstream, como el caso de artistas de la música que eligen anestesiarse por completo para cubrirse el cuerpo en una sola sesión, priorizando la estética inmediata por sobre la experiencia del proceso.

Para el ilustrador, el cuerpo es un territorio con su propio relieve, sus montañas y sus desiertos. Tatuarse, en última instancia, sigue siendo una proclama de soberanía individual: la decisión de habitar, marcar y abrazar nuestra propia geografía.


Contacto: Puedes conocer más sobre el trabajo de Fennel y agendar un turno a través de su cuenta de Instagram (mencionada en el programa) o visitarlo en su espacio de trabajo en el centro de Mendoza.

 

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