HISTÉRICA HISTÓRICA

Histérica Histórica

 “De la que habían salido siete demonios”.

 

“Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios”. Así describe la biblia en el evangelio de Lucas a una de las mujeres más controversiales de la religión católica, María Magdalena.

Cuenta la leyenda que Maria Magdalena, nacida en Magdala en la orilla occidental del lago Tiberiades, era una de las mujeres que acompañaba a Jesús  junto a los apóstoles en su tarea evangelizadora. Su misión era de tanta fidelidad y compromiso que fue la  primera en ver  a Cristo resucitado. Cuando indagamos sobre este personaje del catolicismo podemos apreciar desde diferentes ópticas una maravillosa historia.

Una mujer endemoniada de la cual el Mesías saca siete demonios es perdonada  y sanada. Luego de este hecho, Magdalena se convierte en “la discípula de los discípulos”, según Santo Tomas de                     Aquino.  Dicen las escrituras que junto a otras mujeres, acompañaba a Jesucristo y sus apóstoles  por Galilea, que los proveyó materialmente y les dio alojamiento. María Magdalena es parte de dos momentos fundamentales del catolicismo.  Por un lado, el vía crucis y por otro,  la  resurrección. Ella fue la portadora de la buena noticia a los discípulos: “He visto al Señor, y me ha dicho esto y esto.” (Jn. 27, 11).

Así, en la impactante historia de la religión católica una mujer  tuvo la oportunidad de ser testigo y vocera del líder de los cristianos. Y no se trata de cualquier mujer, porque María Magdalena no es reconocida precisamente como aquella que presenció estos acontecimientos, ni la fiel seguidora de Jesús, sino que es la “prostituta” de la que hablan los evangelios. Ese parece ser el lugar de las mujeres en la historia de la humanidad, incluso en la historia de la salvación.

La otra parte de la leyenda relata que Magdalena era amante de Jesús, leyenda que la iglesia tradicional desmiente y repudia. En esta versión, su rol no sería la de “discípula de los discípulos”, ni sería una militante más de la “buena noticia”, sino que el foco estaría centrado en el deseo. Acá, nos encontramos con una mujer que ama, una mujer que peca, un hombre que cede ante los encantos de María Magdalena.  Nunca resulta curioso que en algún punto o en otro las mujeres en la historia terminamos ocupando el mismo lugar. O fuimos prostitutas y alguien nos salvó o fuimos esposas y por ese motivo nuestro nombre trascendió. El manual del patriarcado.

De cualquier modo, es ahí donde  eternamente nos intentan posicionar. El lugar de la condena, el lugar donde no existe reconocimiento,  porque si no sos una prostituta sos la amante “de”, la”señora” de, la hermana de, la hija de .Ese es el motivo por el cual tenemos el privilegio de visibilizarnos. Nunca protagonizamos  por merito propio. Siempre nuestro merito tiene que ver con el rol paternalista de algún varón que con su mano sanadora y salvadora nos hace parte de alguna historia, de alguna leyenda o de algún cuento (de hadas).

Inessa Armand

¿Conocen  Inessa Armand? Si indagamos respecto a ella, encontramos  que fue la “amante” de Lenin, o “la mujer que hizo llorar a Lenin”. Pero poco sabemos de su rol político en la revolución rusa o su militancia feminista. Inessa fue la primera responsable de la sección femenina del Partido Comunista ruso y dedicó su vida a defender los intereses de las mujeres en el hogar, en el trabajo, en la política. No parece interesar, porque a la historia pasó como la amante de unos de los líderes más importantes del mundo. Otra vez, una mujer relegada a la pluma de quienes no pueden ser ajenos o no pueden liberarse de la teoría freudiana de la histeria femenina.

 

En el libro “El segundo sexo” de Simón de Beauvoir, la autora expresa como teoría principal que la mujer siempre se ha definido a lo largo de la historia respecto a algo. Somos según el otro, somos un producto cultural, somos en función de otro. Ese otro es un varón, es quien tiene el poder hegemónico no solo sobre nuestro ser y sobre nuestro cuerpo, sino también sobre nuestra representación, identificación y construcción. Se trata de lo que mencionábamos anteriormente, somos la mujer de, la amante de, la hija de, la hermana de.

Simone de Beauvoir

Lo paradójico de mencionar a Simón es que ella misma experimenta en el paso de su vida esta manifestación patriarcal, ya que no solo se la conoce por ser una emblemática filósofa feminista sino también por su relación afectiva con Jean Paul Sartre. Si bien, esta pareja tuvo la capacidad de trascender la banalidad de la popularidad, considero que la razón principal es que dicha relación estuvo atravesada por la intelectualidad de ambos y sus obras. Obras que describían el modo de conectarse y concebir la vida y la muerte.  Por este medio, conocíamos sus cartas, sus amores “contingentes”, sus pactos, sus deseos, sus conceptos.  De esta manera, accedemos al  plano de la intimidad, el lugar favorito del mercado.

Eva Perón fue acusada de puta, de bastarda, de hacer beneficencia con plata robada, de pobre, de negra, de impura. Todas las acusaciones responden a la teoría del Segundo sexo de Beauvoir. Puta definida en función de sus supuestas relaciones sexo afectivas con varones, bastarda por ser hija de un hombre que no la reconoció, ladrona por robarle a los señores ricos de la oligarquía conservadora.  Este es el modo en el que funcionan las estructuras patriarcales para colocar a las mujeres en determinados lugares. Nadie se salva.

Eva Perón

Fíjense que todas las mujeres que mencionamos desde el plano religioso, político y filosófico estuvieron directamente relacionadas en base a un varón, y a partir de ahí los resultados de sus obras quedan en un segundo plano. No nos perdonan el deseo y menos los actos. ¿A quién se le ocurriría decir que Jesus fue el amante de Magdalena? ¿Que Lenin fue el que lloraba por Inessa? ¿O que Sartre era el compañero de “amor libre” de Beauvoir? ¿A quién se le ocurriría decir que Juan Domingo Perón era el marido de Eva? Eso se puede llegar a decir de manera secundaria, a modo de mencionar algún rasgo o característica, pero jamás se va a poner por encima del plano político, religioso o filosófico. Porque los machos no aman, los machos no desean, los machos no se relacionan afectivamente. Los machos hacen historia. Y la escriben.

No estoy tratando de machos a estos sujetos históricos, estoy hablando del macho como símbolo de una sociedad que se construye en base a la diferenciación de roles según el género. Y que esta división de roles a las mujeres nos relega, discrimina e invisibiliza. Es fundamental transitar este camino de deconstrucción con voluntad y con la convicción de que todo lo que fue no solo se cuestiona sino también que se derrumba, se reconstruye, se redefine y se elabora.

Desde nuestro lugar de mujer, en la hermandad y en la solidaridad – la sororidad -tenemos que tejer desde amor  para fortalecernos en lo colectivo y en lo individual. Menciono el amor porque llevo guardada en mi memoria una frase de Evita que dice “la mujer tiene el poderío del amor”, y si bien lo ideológico o lo doctrinario es necesario para la reformulación social, considero que el amor es indispensable.

Tenemos que soñar con hacer lo que antes no hacíamos o lo que dicen que no podemos hacer. Tenemos que dejar de pensar que si bien lo puedo o lo quiero hacer, los varones lo hacen mejor. Tenemos que dejar de decir o pensar que no nos  interesa disputar poder y por eso estamos siempre relegadas a la voluntad de otros para avanzar. No somos la mano de obra barata de nada, ni de nadie.

¿Cuáles son los resultados de las mujeres ocupando espacios de poder y decisión?

En la política argentina contemporánea podemos observar a Cristina, que bastante alto paga el precio de su trabajo. Lo paga con la persecución, lo paga con la salud, lo paga con las injurias, lo paga con  los insultos.  Otra que fue la esposa de,  criticada por su vestimenta, por su tono de voz, por sus miradas. “Ahí está en cadena nacional la yegua, la ladrona, la soberbia, la loca”, se quejaban en voz alta por ahí. El patriarcado no perdona y el capitalismo financiero tampoco.

Nosotras tampoco perdonamos. Que perdonen los que especulan con las sábanas, que perdonen los que no reconocen que están en un lugar de privilegio, los que no quieren que disputemos poder. Que nos perdonen ellos, porque llegamos para cuestionar y disputar todo. Y cuando me refiero a “ellos” me refiero a quienes reproducen la lógica del sistema que nos mata y nos oprime, y tiene que ver no solo con una cuestión de género sino también con una cuestión de clase. Tampoco se trata de una división del mundo binaria, sino plural. Queremos entrar todos, todas y todes. Y si a vos no te interesa entrar, al menos colaborá con  quienes si lo desean. Nos mueve el deseo y este deseo nos lleva a quemar las viejas estructuras para darle lugar a la buena nueva.  Una “buena nueva” donde no somos histéricas sino históricas.

 

Vero Benitez

Cristina Fernandez

 

 

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