GOLPE

Evo Morales y Alvaro Garcia Linera

Por Patrick Boulet

jerelaut@yahoo.com.ar

 

La segunda línea tiene que ver con los intereses concretos de la gran burguesía boliviana, y el capital trasnacional que la conduce, afectados por los gobiernos de Evo Morales. Si ben el gobierno popular nunca expropió a los propietarios de capital, sí redujo sus ganancias sostenidas en el extractivismo y la explotación intensiva del pueblo boliviano.

El golpe político-religioso-policial-militar que culminó en Bolivia este fin de semana, configura un brutal ataque al pueblo pobre y originario boliviano. La renuncia obligada del presidente Juan Evo Morales Ayma, el vicepresidente Álvaro García Linera y todo su gabinete, más buena parte del Poder Legislativo ratifican la potencia de la gran conspiración que empezó en el este boliviano y se extendió a sectores urbanos y algunos trabajadores en el altiplano.

Algunos posibles errores (desde nuestra lejana visión) cometidos por el gobierno no se encuentran entre las causas de la insubordinación cívico militar. Estos se habrían levantado contra el gobierno constitucional sin ellos o con cualquier otra acción que hubiese tomado. De hecho la insubordinación y el desconocimiento de la ley y la democracia formal, comenzó desde el día que Evo ganó su primer elección en el año 2005. La derecha política y la gran burguesía no dejan nunca de conspirar contra los gobiernos populares y siempre usan medios ilegales y anticonstitucionales para derrocarlos, larguísima lista de ejemplos en la historia latinoamericana sostienen esta afirmación.

Esta conspiración tuvo base en dos líneas muy fuertes y co-influyentes, tanto que cuesta saber cuál pesa más en lo golpistas.

La primera se basa en el desprecio rascista que la oligarquía blanca tiene hacia el pueblo multinacional boliviano, a los cuales homogeniza con el apelativo de “indios”. El mismo adjetivo que “el Evo” transformó en su orgullo. La impronta colonial permanece, como tan bien lo señalaba nuestro compañero peruano Aníbal Quijano, como un mecanismo de selección y de negación de derechos. Si sos “indio,” sos bruto, no podés gobernar ni hacerte cargo de nada, o sea sólo podes obedecer. Y todo esto es propio de tu “raza” Es claro que este mecanismo de “colonialidad del poder” es instrumentado por las burguesías locales, aquellos “negros de máscaras blancas” en palabras de Frantz Fanon, y han sido resistidos en estos quinientos largos años por los pueblos originarios.  El mecanismo legitima el poder de los blancos por razones de tipo “natural”.

La segunda línea tiene que ver con los intereses concretos de la gran burguesía boliviana, y el capital trasnacional que la conduce, afectados por los gobiernos de Evo Morales (esto es mucho menos difundido y nunca dicho por los golpistas). Si ben el gobierno popular nunca expropió a los propietarios de capital, sí redujo sus ganancias sostenidas en el extractivismo y la explotación intensiva del pueblo boliviano. La familia del rabioso opositor Luis Fernando Camacho es un claro ejemplo de intereses concretos en la explotación del gas y la construcción. Es notorio como en Bolivia se disfraza el más avaro interés económico de las grandes familias con cruzadas evangelizadoras y civilizadoras que ponen a Cristo en el mascarón de proa. Como advirtiera Cristofono Colombo en sus diarios de viaje los más visible el nuevo mundo es el oro y esa codicia extractiva continua como los primeros tiempos del Cerro de la Plata.

En este sentido la retórica y profusa difusión cristiana de los líderes cívicos, da una bandera moral a la militancia antiderecho y anti pueblo de los empresarios. “No vamos por el dinero, sino por la Biblia” dice Camacho, apelando a la religiosidad de la población. En esta línea los cruzados de la Biblia torturan, queman locales y matan a militantes del gobierno legal y sus aliados, algo similar a los conquistadores de hace quinientos años. Matar por la cristiandad parece ser la permanencia de la conquista, la quema de la Whipala, aquel gran símbolo ancestral que se hizo ícono en la guerra del agua en Cochabamba al inicio de nuestro siglo, cierra cada crimen.

En la crónica y la narración se suele subestimar el poder que el capital trasnacional ocupa en cada uno de los golpes cívicos militares que tan duramente golpean a los pueblos en la historia de nuestra tierra. Siempre aparecen cruzadas morales como combatir la corrupción, el desgobierno, narcotráfico, inseguridad, anarquía y la ya mencionada de encarnar a los  soldados de Dios. Estas calificaciones morales son esgrimidas por empresarios cuyo accionar no reconoce ni siquiera las leyes liberales y mucho menos cualquier postulado de ética. Que lo grandes empresarios latinoamericanos hablen de combatir la corrupción es por lo menos paradojal, pero se vuelve un discurso instalado y potente quizás por la meritocracia transversal a diferentes sectores que los señalan como los “triunfadores” prevaimente a cualquier intento de copar el gobierno.

El golpe rascista es por un lado consecuencia de la colonialidad y la preponderancia económica de las burguesías blancas, aún con años de gobiernos populares. Esta preponderancia quizás  se sostenga en  cierta tibieza de esos gobiernos a la hora de reducir el peso específico de los capitalistas en el control de la economía. Es también signo de una renovada oleada de injerencia estadounidense en los asuntos internos de los estados latinoamericanos, una vez más.  Esta injerencia aparece muy directa hoy, no sólo por la obscena felicitación de Donald Trump a los golpistas, sino por la recurrente versión que gran cantidad de dinero norteamericano llegó a manos de los Comités Cívicos, pasando por la argenta provincia de Jujuy.

Al mismo tiempo trae un peligroso recuerdo de la noche de los tiempos, la injerencia directa de los militares en los gobiernos. Bolivia no parece ser el único ejemplo dado la creciente militarización en Ecuador y Chile y la permanencia de larga data en Colombia. Este dato debería ser un fuerte aviso para los pueblos y las burguesías locales con tradición democrática, la tibieza que varios gobiernos sureños (Argentina) se han pronunciado ante el golpe cívico-militar boliviano es por lo menos preocupante para los pueblos porque antecede nuevas legitimaciones del partido militar en todo el subcontinente.

Nada está cerrado en el Altiplano ni en las selvas de la Amazonía Sur Occidental, el pueblo boliviano sigue peleando por su dignidad y la burguesía y el imperialismo violando todas las leyes de la Republica Plurinacional. Es claro que de la suerte de esta batalla dependerá parte de la suerte de los pueblos del sur.

Y desde ahí debemos redoblar todo nuestro esfuerzo para apoyar al pueblo boliviano, a los miles de heroicos militantes del Movimiento al Socialismo y a sus gobernantes, hoy en el exilio, Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera.


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