EL FEMINISMO ES REVOLUCION

Por Noelia Naranjo – SIDUNCU

 El mundo de hoy atraviesa un nuevo cambio del régimen heteropatriarcal y capitalista, crisis, en todos sus rincones. Los cimientos de la vieja sociedad crujen y chocan con lo nuevo que aún no termina de nacer. Estamos vivenciando una guerra entre capitales: el capital financiero, con asiento en la especulación y la maximización de la ganancia a través de la bancarización; contrapuesto a otras formas de capital que, en otros momentos de la historia, fueron hegemónicos y ahora resultan conservadores (como el capital industrial).

En esta guerra, el campo popular -y en él, las mujeres y las disidencias- sufrimos las consecuencias del sistema capitalista heteropatriarcal en su fase más avanzada: hambre, esclavización, precarización y explotación laboral, agotamiento de nuestros recursos naturales, enajenación y comercialización de nuestros cuerpos y subjetividades debido a la pauperización de los sistemas de educación y de salud, etc.

Cuando decimos patriarcado estamos hablando también del capitalismo, cuando hablamos de capitalismo también hablamos de patriarcado: es la estructura jerárquica que replica el mecanismo de opresión del capitalismo en la vinculación entre la figura y las acciones predeterminadas del varón que aparece como dominante por sobre los distintos géneros e identidades que no cumplan la norma: mujeres como binomia, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, y toda la ampliación de identidades sexuales y de géneros posibles. Silvia Federici en el Patriarcado del Salario, nos dice que el patriarcado sostiene la división sexual del trabajo entre productivo y reproductivo. El trabajo reproductivo, que en la familia realizamos las mujeres, es aquel que permite la perpetuación del mismo, ya que se encarga de criar y alimentar a las y los que formarán parte del este trabajo. En otras palabras, es el primer mando de la cadena de montaje que se sostiene constante a través del tiempo. El trabajo reproductivo no es solo impuesto, sino que además es invisibilizado y aparece como voluntario, asociado al amor y al cuidado. Es, en palabras más descarnadas, trabajo no pago. Pero, además, estamos en una instancia del capitalismo en el que quienes tenemos impuesto el trabajo no pago reproductivo también debemos salir a conseguir trabajo productivo, por lo cual nos encuentra en una situación de doble explotación, de sostenimiento de ambas cadenas de montaje.

Desafíos en un momento de Oportunidad

Hoy podemos replantearnos colectivamente las formas en que nos organizamos como sujetes polítiques para sostener el íntimo vínculo entre lo que hacemos y lo que decimos. El poder de nuestro feminismo está en la construcción de una fuerza social que nos encuentre luchando codo a codo con les trabajadores, les estudiantes, los movimientos sociales, los pueblos originarios y toda persona que sienta correr por sus venas la sangre de nuestro pueblo.

Entendimos esto, y nos decidimos a encontrarnos. Planteamos un ciclo de encuentros que pusieran en debate a instituciones absolutamente patriarcales como son los sindicatos o las escuelas; pusimos en tensión la práctica política y la construcción de poder. Nos tendimos la mano para poder tejer redes que nos permitan descubrirnos como hacedoras de la política y lo político. Estamos desarrollando nuevas prácticas y lógicas, y esa fue una de las características de este ciclo. La ponderación del debate y la heterogeneidad de quienes participamos; por sobre las mezquindades. Alrededor de 100 compañeres de organizaciones políticas y/o sindicatos nos encontramos en cada uno de los encuentros; para discutir el Sindicalismo, la Participación Política y la Educación con perspectiva de género. Sabiendo que falta mucho, pero convencidas de que este es el camino; seguiremos trabajando y propiciando encuentros.

Nos reconocemos como trabajadoras y dentro del feminismo popular. Estamos fuera del 1% que concentra la riqueza mundialmente producida. Queremos tirar el patriarcado, porque queremos cambiar este sistema de muerte.

Ese es el feminismo popular que construimos cada día, codo a codo, con cada compañera, el de la rabia de las desposeídas, el de la firmeza de saber quiénes son los que hieren a nuestro pueblo, el de la convicción de que con organización popular no hay imposibles, el del coraje de sabernos inseparables de nuestra clase y de la alegría de mirarnos a los ojos y “comprobar que no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene consciencia de sus derechos” (Eva Perón).

 


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