17 DE NOVIEMBRE. DIA DE LA MILITANCIA

Por Marcelo Padilla

Atravesamos una época plagada de efemérides. “El día de”… “un día como hoy”…todos los santos días y para cada uno una vela subida a las redes sociales. El nuevo campo de batalla ampliado, ayer la calle. Las redes, podríamos aventurar, han copado/cooptado las calles. Las redes y las fuerzas de seguridad hoy han copado las calles. Sea por la pandemia o por otros motivos, las efemérides no dejan de ser además una puesta en escena de la memoria, pero el carácter de efemérides (astronómicas e históricas) ha terminado por cosificar la significación de sus vigencia. Así, en un recordatorio a secas con una foto vieja en un contexto histórico diferente, las efemérides se alinean al planeta de los desencantos. Cuando la épica decae las efemérides reaparecen como reemplazo simbólico a la inacción del presente. Sin embargo, las redes hoy han logrado, en toda su perversidad, suplantar la acción por las efemérides. Es lo que sucede hoy en el Capitalismo Real, como lo define el británico Mark Fischer en su libro Realismo Capitalista, Caja negra, 2016, jugando con el reemplazo del Socialismo Real que se usara para la justificación sin autocrítica. Desparecido el Socialismo Real, lo que queda es el Capitalismo Real, según el autor.

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No es un proceso plausible a simple vista. El recuerdo y la memoria en la vertiginosa sobreinformación sufren una transformación estética, de aquella acción inicial fundadora de la efeméride al producto, mercancía circulante que el mercado sabe cooptar desde las orillas y los márgenes para crear un mercado simbólico hasta en las cofradías más extremas. Si las efemérides van de la mano de la creación de significados y símbolos, estos se vuelven fetiches de paso, en una “memoria de paso” a lo Fowgill, para recordar un día y pasar al otro con la siguiente. Y, como cada día se conmemora algo, ya las efemérides se transforman en mercancía cotidiana. Ante el vacío, la efemérides. Ante la ausencia de palabra nueva, la recordación. Y aquí entramos en una problemática, al menos para pensar: la vigencia. ¿Cómo una efemérides cobra vigencia en la actualidad en una contexto diferente y en un tiempo diferente? Y, como vivimos más apurados por el empuje de la actualidad permanente, la foto permanente, el recordatorio permanente; la acción se licua y diluye de un día para el otro. Algo queda en el inconsciente pero… el inconsciente está saturado como un viejo buzón de cartas a destiempo. Es como meter cartas hasta llenar un buzón que ya no tiene vigencia -porque no hay más buzones-, abarrotado de cartas que no se leerán. Pero lo importante es que esté lleno de cartas sin reparar en lo que dicen esas cartas. Es decir, importa la forma de la efemérides, no el contenido accionario. Además, obtura una serie de mecanismos que impiden la voluntad de la acción porque con la conmemoración en una red social, diríamos, hemos hecho ya la acción simbólica. Entonces la acción queda sola, flotando en el plano simbólico como naipes que van pasando de mano en mano en juegos de cartas diferentes. Integra sí, a una comunidad de iguales en términos de pertenencia, pero si escarbamos, rascamos un poco, nada queda. Porque hoy es otro día y hay que recordar otra cosa. Hasta las redes te sirven el menú de las efemérides transformado en carta de un restaurant temático.

El otro tema es la permanente contingencia de las cosas, de los sucesos, de los acontecimientos. Nos apabulla la contingencia generada por las tecnologías que son algo así como ángeles de la guarda de la memoria electrónica. Y de tantas contingencias nos olvidamos de la historia y de la memoria vital que llevan a la acción del pensamiento de lo nuevo resignificado en prácticas nuevas. Contingencia permanente es también lo que el Realismo Capitalista ha logrado. Luego de la caída del muro en aceleración constante…el desencantamiento del mundo. La falta de ganas. El pesimismo de las efemérides. Lo contrario a la acción fundante. Porque lo que nos “encanta” hoy es ver los hechos pasados como grandes gestas a lo Felipe Piña que ya es un producto de socialización del recuerdo y la memoria hecho mercancía. La serialización de los productos audiovisuales, capítulos en series que acompañan pero también amordazan. La vida amordazada en las efemérides y en las series (por caso netflix). El encanto hecho desencanto en un click de una tecla. La tecla desencanto. La que sube la adrenalina por unos minutos hasta sentir el vacío frente a la computadora y luego mirar por la ventana el paso cansino de la gente que lleva su bolsita de pan y verduras. Entre ese vacío y el paso cansino del que por la vereda pasa con su bolsita de pan y verduras hay una distancia necesaria para que esto sea como está siendo.

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La militancia. El día de la militancia. El recuerdo de la vuelta de Perón a la argentina. ¿Qué militancias? Me pregunto y comparto. Y ahí volvemos al “vamos a volver” como mito fundante. Pero cuando ya volviste, ¿Qué militancias? ¿Volvimos? ¿A qué volvimos? Se dirá que es un proceso, esa palabrita que redime y anula la pregunta para ponerle punto final a una supuesta discusión de vampiros acodados en un bar tomando sangre de cautivos. La vampirizacion de la militancia practicada por quienes dicen qué es la militancia, tan solo con una foto y un epígrafe. Sin discusión, sin debate abierto más que a la individualidad del yo en las redes de amianto. Podríamos también arriesgar a decir que hoy la militancia se ha vuelto cofrádica, envasada en paquetes y piezas comunicacionales hechas por agencias de marketing. Militancias de emprendedores, gerenciadas por patrones de la militancia. Y por abajo la desolación en la intemperie. Es desde la idea de intemperie la cosa. Desde la esperanza del que ya perdió, desde la derrota permanente que puede resurgir el factor vital. No del triunfo, no del “ya volvimos”. Es de cero. Es sin nada.

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El nuevo panorama latinoamericano nos dice que más que las militancias partidarias lo que se subleva es la resistencia. El carácter de las resistencias que rebasan toda estructura burocrática. Lo vimos en Chile, Ecuador, Perú, Bolivia. También en países europeos. Pero lo que aquí importa es nuestro suelo. A la luz de aquellos suelos donde las resistencias han ganado la calle y el celular es un arma para la difusión,- y los flayers anónimos balas de convocatoria sin envase del marketing-. Las resistencias nombradas, anónimas,  han logrado avances y triunfos desde la derrota. El caso paradigmático en Mendoza fue la batalla por el agua en diciembre del 2019 donde las militancias tradicionales quedaron atrapadas en la lógica partidaria. ¿Por qué no pensamos en esas nuevas formas de resistencia que hoy marcan otro camino? Son quizá las resistencias que vuelven a darle el carácter genuino a la militancia como noción. Porque de las mismas estructuras partidarias surgieron resistencias consideradas inorgánicas para bajarles el precio. Sin embargo el precio no es lo que se pondera, el precio lo pone el mercader y las resistencias no pagan, se rebelan al precio. Transforman el precio de la mercancía en gasto energético vital para reconstruir la noción de comunidad. Anónima. Sin atributos. 

 

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