BRASIL: LO REAL RESISTE

Brasil: “O real resiste”[1]

Por María José Guzmán y Gustavo Gonçalves

Contar lo que pasa en Brasil es difícil porque al contar se revive el horror de la amazonia quemándose, del petróleo llegando a las playas donde hasta hace poco nos bañábamos, de la creciente matanza de los indígenas, del asesinato de concejala, de los pibes que murieron acorralados por la policía en una calle sin salida de São Paulo cuando salían de lo que debería haber sido una fiesta; se revive el silencio cómplice de la prensa o, lo que es peor, sus omisiones, sus elecciones, sus adhesiones. Es difícil porque mientras uno va contando las noticias tristes no se han terminado y hay que prepararse para recibir otras mañana y uno siente culpa por perder las esperanzas.

Brasil es complejo y desigual, gentil y brutal.  Es el país que concentró casi la mitad del tráfico negrero de África para las Américas, el último en el mundo en abolir la esclavitud, recién en 1888, después de más de 300 años de comercio de personas. Todos sus ciclos económicos hasta esa fecha dependieron de la mano de obra esclava. El racismo estructural y la naturalización de los privilegios de una porción pequeña de su población, son, en parte, consecuencia de esas particularidades de su historia. Recién en 2003 Brasil estableció en su calendario oficial el 20 de noviembre como el día de la conciencia negra, en alusión al líder guerrero del siglo XVII Zumbi dos Palmares. El trabajo de los campesinos y la historia de los pueblos indígenas de Brasil están marcados también por el genocidio y la resistencia. Pero, como dicen estos pueblos, resistir es lo que ellos hacen desde que llegaron los portugueses.

Zumbi dos Palmares

Para hablar de Brasil actual decidimos contar qué hacen y qué dicen algunas figuras de la resistencia al actual gobierno. Esta decisión no le hace justicia a las resistencias anónimas, las más diseminadas y probablemente las más sufridas y tal vez no ofrece un panorama general de lo que está pasando. Las personas de las que vamos a hablar podrían haber sido otras. La idea de reunir estas voces, elegidas un poco arbitrariamente, es contribuir a entender lo que pasa y tratar de mantener las esperanzas.

Boulos: 50 años en uno

En las últimas elecciones (2018) Guilherme Boulos fue candidato a la presidencia de Brasil por el Partido Socialismo e Liberdade, conocido como PSol. Un periodista de Le Devoir, un diario independiente de Montreal le hizo recientemente una entrevista en la que lo describe como una estrella en ascenso en el panorama político brasileño. El tono de la entrevista es sorprendente, en primer lugar porque en Brasil los medios no le dan ese protagonismo a  Boulos, en segundo lugar porque Le Devoir es un diario tradicional, muy respetado, en el que no es frecuente leer entrevistas hechas en primera mano a figuras políticas de América Latina. Los Estados democráticos del mundo, empieza Boulos, deberían ocuparse, tomar medidas, incluso aplicar sanciones económicas a Brasil: “la comunidad internacional debe ayudar a los brasileños a conservar su democracia”.

Boulos es profesor y figura emblemática del movimiento de los trabajadores sin techo (MTST). Recientemente, en un programa periodístico conducido por Leonardo Sakamoto, Boulos y otros invitados ataban cabos para la audiencia, haciendo una especie de retrospectiva sobre el 2019: los programas estatales de vivienda destinados a la franja de más bajo ingresos simplemente fueron cortados, más o menos al mismo tiempo que la asistencia financiera a las instituciones de cuidado de la salud mental. El resultado es un crecimiento alarmante de la población que vive en la calle y la constatación de que entre esa población, antes mayoritariamente adulta y masculina, ha crecido el número de familias. El ataque a los derechos de los ciudadanos viene de todos los flancos: leyes laborales, jubilación, derecho a la educación, a la salud, a la vivienda. Como si fuera poco, los desastres ambientales se suceden: al de Mariana, Brumadinho, y otros provocados por la explotación minera, le siguen el derrame de petróleo en las costas del país y la destrucción de la selva por los incendios. “Lo que pasa en la amazonía no es un accidente”, dice Boulos, “es un crimen”, una política deliberada para acelerar la deforestación y favorecer así la explotación agrícola y minera de las tierras que abrigan a ese ecosistema.

Boulos, que tiene dos hijas pequeñas, recibe amenazas de muerte a cada día, dice Le Devoir. Es miembro del mismo partido que Marielle Franco, la concejal que asesinaron a tiros en marzo de 2018 y que Marcelo Freixo, diputado federal por Río de Janeiro, también amenazado. Hace una año atrás, la policía interceptó un plan para matar a Freixo un día antes de que lo pusieran en práctica. La oposición política en este momento es una tarea de riesgo, Boulos responsabiliza a las “declaraciones incendiarias” del actual presidente de alimentar el clima de odio que se vive en el país.

Marielle Franco

 

En Brasil hay más militares en el poder actualmente que durante la última dictadura, continúa Boulos. Aludiendo a la promesa del presidente Juscelino Kubitschek de que Brasil avanzaría 50 años en un periodo de 5, Boulos compara: el gobierno Bolsonaro ha logrado 50 años de retroceso en un período de 1. Pero la desilusión entre aquellos que lo apoyaban se empieza a hacer visible: la popularidad de Bolsonaro se ha reducido a la mitad durante este año (de 60% a 30%), la caída más grande que ha tenido un presidente durante su primer año en el gobierno, remarca Boulos, para quien el sentimiento de miedo que provocaba el líder de derecha se ha ido transformando en indignación. Boulos, que tiene alrededor de 40 años y cuya visibilidad viene aumentando después de su candidatura a la presidencia, tiene planes para el futuro. Piensa que hay que ayudar a transformar la indignación en movilización social. Algunos le auguran un futuro político verdaderamente promisorio, inclusive ven en él un posible sucesor de Lula. Sin necesidad de proyectar un futuro tan lejano, hay que reconocerle en el presente la militancia, el trabajo crítico, el coraje y la esperanza.

Marcelo Freixo y Guilherme Boulos

Brum: amazonía centro del mundo

Eliane Brum es una consagrada periodista de investigación y una importante intérprete del Brasil contemporáneo que optó recientemente por vivir en el corazón de la amazonía. Ella explica que tomó esa decisión por necesidad de ser coherente con su tarea de escribir en defensa de la selva y de los pueblos que la habitan. Cuenta que su relación con el lugar cambió al hacer una serie de reportajes en los años 2000. En 2011 documentó la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte, un antiguo proyecto de los militares fuertemente resistido por los indígenas y por varios representantes de la izquierda, irónicamente concretado por Lula y inaugurado por Dilma y Bolsonaro. Altamira, donde Eliane Brum vive actualmente, está situada en el estado de Pará, es la principal ciudad afectada por Belo Monte, la municipalidad más extensa, la que más deforesta y una de las más violentas de Brasil (llegó a ser la más violenta en 2015). Los textos de Brum son una tentativa de  descolonizar la forma en que Brasil se interpreta a sí mismo, dice, por ejemplo, que la clase media brasileña vota a Bolsonaro como reacción a las políticas antirracistas que implementó el PT (el partido de Lula y Dilma), en particular a dos de ellas: la equiparación los derechos de las empleadas domésticas (en su mayoría mujeres negras) a los del resto de los trabajadores, y  las cuotas étnico-raciales y sociales en las universidades públicas. En los dos casos hubo garantías de derechos para las clases populares que las clases medias entendieron como una pérdida de sus propios derechos.

Eliana Blum (fuente: fronteras del pensamiento)

A pesar de reconocer las virtudes de algunas de sus políticas, Eliane Brum se posiciona fuertemente contra el colonialismo ambiental de los años del PT en el poder (gobiernos de Lula y Dilma), que según ella no se distingue del modelo desarrollista de los militares y de Bolsonaro. Brum fue una de las organizadoras del evento Amazonia centro do mundo, que en noviembre pasado reunió en plena amazonia indígenas, poblaciones ribereñas, movimientos sociales, jóvenes activistas y científicos, promoviendo debates y acciones culturales a propósito de la crisis climática, las grandes obras de infraestructura, los incendios ilegales y el avance y la deforestación; indagando sobre nuevas formas de vivir juntos y de defender la selva.

Safatle no es optimista

Vladimir Safatle es filósofo, profesor universitario, destacado intelectual que escribió durante varios años una columna política en la Folha de São Paulo. En 2013 todo indicaba que iría a ser el candidato socialista a la gobernación de ese estado, pero por divergencias con su propio partido, su candidatura no prosperó. La postura de Safatle ha sido siempre radicalmente crítica, pesimista para muchos. Inclusive antes de que  Bolsonaro se perfilara como candidato a la presidencia, Safatle insistía en denunciar el desastre histórico con el que el Brasil estaba obligado a convivir por no haber rendido cuentas a sí mismo después de la dictadura, como lo hizo, por ejemplo, la Argentina. Cuando el gobierno de Dilma tambaleaba y las personas se organizaban para defenderlo, Safatle profetizaba que las consecuencias de esa omisión iban a volverse en contra del país en el futuro. No vamos a discutir qué significa el pesimismo en este contexto, en lugar de eso, vamos a comentar un pequeño texto reciente de Safatle que habla, nos parece, nuestro  tiempo y de lo que es posible esperar. En una crónica publicada el 5 de diciembre pasado en su muro de Facebook, cuenta más o menos lo siguiente: volviendo de Sudáfrica llega a París en el día de la huelga general y toma un taxi para salir del aeropuerto. Él y el taxista conversan sobre las protestas: en Sudáfrica también están descontentos, todo el mundo está descontento. Siguen hablando y el taxista lo interpela: “usted, que es profesor de filosofía, qué le parece que va a pasar?” le dice; Safatle duda antes de responder “quiere saber de verdad?”, y ante la afirmativa del taxista insiste: “de verdad?”. Nosotros que lo leemos pensamos que toma todos esos recaudos porque ya le deben haber dicho varias veces que es un pesimista, pero el diálogo sigue y tal vez porque el taxista es un chaleco amarillo, porque la charla va bien, porque quieren seguir hablando, Safatle responde: “Creo que estamos buscando nuevas formas, que queremos destruir lo que nos destruye. Pero eso siempre es violento. Construcción y destrucción son cosas tan mezcladas en nuestras vidas. Creo que podemos mucho más que esto que hemos hecho hasta ahora, pero en estos momentos todo puede acontecer. Nunca nada es seguro. Siempre pueden ocurrir las peores regresiones, siempre puede pasar lo peor. Pero eso no cambia mucha cosa”, y el taxista: “entonces usted no es optimista”; y Safatle: “ni pesimista”. El diálogo sigue, ambos dicen que no tienen miedo, Safatle agrega que tampoco tenemos opción. No es pesimismo, ni optimismo, no depende de nosotros, la historia es destrucción. Safatle ha leído a Benjamin, el filósofo de las ruinas, y es hijo de una pareja de chilenos perseguida por la dictadura de Pinochet, no es optimista. “Ni pesimista”.

Vladimir Safatle

50 años en 360 días. En las elecciones de 2018 los votantes de Bolsonaro se identificaban con la máxima “eu quero meu país de volta”, algo así como “quiero que me devuelvan mi país”. Muchos de ellos le restaban importancia al hecho de querer un presidente tosco, racista, violento, que expresaba abiertamente su desprecio por las mujeres y los homosexuales y le rendía culto a un torturador de la dictadura. Si, como dice Eliane Brum el voto por Bolsonaro es el voto de una clase media que en realidad detesta a  las minorías porque no quiere verse en ellas, entonces los votantes, la mitad de los cuales ahora se arrepiente, no quería un futuro diferente, ni siquiera una vuelta al pasado, sino que expresaba una desesperada voluntad de interrumpir el presente para anular el futuro del otro. Lo han logrado, en parte lo han logrado. Pero ya no parecen tan felices con sus logros y la vida busca sus caminos y el deseo pulsa siempre y las cosas no paran de cambiar.

[1]O real resiste” es el título de una canción de Arnaldo Antunes que salió este año. Funcionarios del canal TV Brasil denunciaron que hubo órdenes de que la canción no saliera al aire.

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