- Homepage
- Uncategorized
- LA HORA GENÉTICA DE LOS PUEBLOS
LA HORA GENÉTICA DE LOS PUEBLOS
“Hay que ser muy cagón para no bancar a los jubilados”
Diego Maradona 1960- ∞
Cuando arranco el gobierno de Javier Milei en 2023, y ejecuto el ajuste más grande la historia; la pregunta pasó por la tolerancia social que este experimento social podía tener. La crisis de representación política no permitía una respuesta clásica que argumentara en la remanida capacidad del peronismo y el movimiento obrero de formar una barrera que impidiera la inevitable caída de las mayorías en la pobreza.
Y así fue; interminables, endogámicas y soporíferas internas por parte del peronismo; idas y vueltas en los otros partidos (plan canje voluntades x cargos, dinero, etc.), disidencias internas y silencios cómplices del gremialismo mayoritario. Todas escenas que tienen historia reciente y que desnudan la orfandad de las mayorías cuando los modelos de acumulación financiera se apoderan de los resortes políticos y saquean los bolsillos de la clase media y los sectores populares para hundirlos en la pobreza.
En este nudo político de la crisis de representatividad se apoyó Milei para sostener su delirante proyecto que ya ni forma tiene, solo desesperación y mendigar dólares de deuda para pagar deuda. Quizás no era que las mayorías habían encontrado un nuevo liderazgo para sacar adelante la vida, sino que el espanto frente a un sistema político que resolvió a medias el atraso de Argentina, y el grotesco de la corrupción; las empujaron en una búsqueda lo más anticasta posible, sobre todo en términos publicitarios: así llegó Mlei.
Pero la propia dinámica de estos pensamientos desvía el tema de lo importante: la “tolerancia social” al ajuste. Este eufemismo no es mas que una pregunta existencial sobre el carácter profundo del pueblo argentino como protagonista de su propia historia. Como todo, las respuestas pueden ser contradictorias o ambivalentes si se quiere. Porque el mismo pueblo del 45’ es el que en el 55’ calló su voz, es el mismo que resistió y que trajo a perón, que fue masacrado por la dictadura mientras asentía con silencio también, que peleo en Malvinas y le dio la espalda a nuestros héroes, que recuperó la democracia, que tomo pizza con champagne imaginaria hasta que fue expulsado a la desocupación con Menem, que volteo al neoliberalismo en 2001 y podemos seguir.
Es como todos los pueblos del mundo, no hay nada mágico o especial en estos montes, pampas y montañas del cono sur del mundo. Se equivoca o acierta, no hay dramatismo útil en eso, no insistamos con preguntas sin respuesta o querramos juzgar desde vaya a saber que púlpito de pureza política los aciertos y desaciertos de la propia historia.
Lo que en estas horas esta empezando a asomar es una particularidad colectiva: la genética de la lucha. Evidentemente, no es un pueblo que se entregue fácilmente a las fauces de los poderosos. Por mas que lo abandonen los dirigentes, no se entrega, el famoso coronel Perón sentenció aquello de “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.
Y así esta sucediendo, brota por todos lados la resistencia al hambre, la represión y el maltrato, que es la única receta de Milei para los sectores populares y trabajadores. Y como explican los científicos, los seres humanos tenemos una carga genética que nos hace aprender y saber constantemente cómo, cuándo y dónde son las mejores formas de construir relaciones nuevas de supervivencia conjuntas. Material y cultural, porque si algo está presente aquí es la defensa de las identidades locales de argentina.
Por eso el capitulo de esta semana con los hinchas de futbol bancando a los jubilados es conmovedor y revelador de las cosas que se ocultan tras las ensoñaciones mediáticas que facturan con el deseo de cada uno de nosotros y engrosan las arcas del poder cada vez más cargadas y desiguales.
Hinchas de futbol, motoqueros, trabajadores agremiados, docentes, karatecas, boxeadores, artistas, periodistas del pueblo, científicos, enfermeros y etc. y mas también; salen al rescate de los jubilados y jubiladas que enfrentan ahí en la calle el abandono salarial, la falta de medicamentos y el fin de la moratoria previsional, y para colmo la represión de alguien con apellido de genética de represión y oligarquía como Bullrich.
Un colectivo que es más que eso, es una identidad que resurge, se confunde, aclara y vuelve a pelear para recuperar el país de la entrega. Este impulso genético de lucha popular que brota y se rearma como puede y lo dejan, esta atravesado por múltiples sensaciones, conclusiones razonamientos y emociones. Allí están la protección hacia los mayores; pero también está el odio, porque no, hacia los pituquitos de turno que han vuelto a hablar con racismo y clasismo, al amparo de un falso liberalismo que, supuestamente desafía la corrección política del progresismo antipueblo que supo copar los proyectos populares; y no es mas que una nueva versión de la política de élites que tanto agrada y contiene a los poderosos.
Nada más errado que tildar de anti política estos brotes de resistencia, solo porque no son “orgánicos” a las organizaciones de turno. La política es mucho más que la dinámica de las relaciones de poder institucionalizadas. Precisamente, en estos márgenes se asientan y se despliegan los movimientos políticos que habrán de construir la propuesta que nos saque del pozo, como las asambleas y piquetes del 2001 que fueron el sustrato del milagro de 2003. Lo institucional político y social debe cuidar estos brotes y pacientemente ayudar a enhebrar lógicas e identidades nuevas que son el nervio de cualquier recuperación de la soberanía popular. Las formas y los protagonistas son de autoría de la historia y sus caprichosos recovecos.
Pero en estas instancias no hay confusión posible cuando la realidad se aclara tanto como en estos días. ¿De qué lado estamos?
Cómo dijera el carpo napolitano “nadie se atreva a tocar a mi vieja…” o como la máxima del prócer Diego de Fiorito:
“HAY QUE SER MUY CAGÓN PARA NO BANCAR A LOS JUBILADOS”.
Por Rodrigo Aguilar
Sociólogo
raguilareptm@gmail.com