LAS HUELGAS PATAGÓNICAS DE 1921 Y 1922

La fealdad de los pobres

Se cumplen 100 años de las huelgas patagónicas y el historiador Sergio Eschler fue entrevistado por lamosquitera.org , te dejamos la entrevista y un texto del Archivo Nacional de la Memoria 

La historia de la expansión territorial de Chile y la Argentina tiene también sus páginas sombrías. La conquista moderna de la Pampa lleva en sí un sello de crueldad que hace poco honor a la tan decantada civilización de nuestra época

 

Al iniciarse la segunda década del siglo XX el entonces Territorio Nacional de Santa Cruz se vio alcanzado por un extraordinario fenómeno de movilización sindical anarquista que tejió puentes entre el naciente espacio urbano y el rural, representado por las estancias ovejeras, y cuya resolución importó el traslado de tropas militares de la Capital y la consiguiente masacre de obreros.

Las Huelgas de Santa Cruz son un párrafo oscuro de nuestra historia nacional, no sólo en lo que atañe al oscurantismo que con éxito tapó o desdibujó responsabilidades en las muertes, sino también en lo referente al proceso de construcción nacional de la Argentina.

Decimos que se inscribe el conflicto dentro de este proceso: en primer lugar porque no es el único del período, y en segundo lugar porque el contexto del país todavía asistía a la Argentina del centenario, donde imperaba la lógica selectiva del componente nacional. La lupa para el filtro nacional se posó tanto sobre los indios9 como sobre “algunos” europeos. Había huéspedes indeseosos, existía una inmigración enferma y peligrosa, que podía comprometer la formación de una sana y robusta raza argentina (Scarzanella, 2003).

Respecto al indígena, la expansión territorial del país no sólo implicó el despojo de sus tierras, sino también el esfuerzo por parte del Estado de atraer al “indígena a la vida civilizada”. En la Argentina la necesidad de ejercer una verdadera presencia estatal en los territorios de los pueblos originarios tuvo su motor productivo: consolidar el avance de la frontera agrícolo-ganadera para darle al país su perfil ganadero y agroexportador10, lo que décadas más tarde será visto como el granero del mundo.

Mediante el despojo militar y fraudulento de la tierra indígena, se profundizó la concentración de la propiedad de la tierra, otrora indígenas, en cabeza de hacendados, militares y gobernantes11; siendo tan vasta que también fue incluida en los planes de colonización e inmigración, bajo el lema de poblar el desierto.

A su vez, para culminar la obra se necesitó además de la guetización de las comunidades (reducciones)13 y consagración del indio como menor incapaz y por tanto 10 inhábil para todos los actos de la vida civil.

Con el tiempo, tanto el indígena como el inmigrante serán percibidos como sendos problemas. La argentinidad implicaba la construcción y fomento del ser nacional, para ello el ejército y la escuela fueron los primeros establecimientos que procuraron fundir lo indio y las distintas colectividades en lo nacional, siendo fundamentales las leyes de educación n° 1420 de 1884 y la del servicio militar obligatorio n° 4031 de 1901.

El referido componente inmigratorio enfermo y peligroso estará compuesto por cualquier inmigrante que introdujera al territorio ideas avanzadas, pero esencialmente de aquellos que preconizaban ideas anarquistas.

Pues bien, las huelgas patagónicas (y las matanzas) no aparecen solas, no son una excepción ni un espejismo.

El 7 de enero de 1919 en el barrio porteño de Nueva Pompeya los sucesos conocidos como Semana Trágica son un ícono de las huelgas urbanas y del primer gobierno de Yrigoyen. La represión se llevó a cabo en los talleres metalúrgicos de la firma Pedro Vasena, continuando días después en el cementerio.

Entre 1919 y 1921 en la provincia de Santa Fe, donde operaba la intocable Cía. Forestal, la Gendarmería Volante (fuerza provincial apoyada financieramente por la firma) y el Regimiento 12 de Infantería, llevaron a cabo persecuciones, torturas y muertes de hacheros, portuarios y ferroviarios.

Por su parte, durante el gobierno de Alvear (19 de julio de 1924), el gobernador del Territorio Nacional del Chaco, Fernando Centeno, sofocó una protesta en la reducción indígena de Napalpí, quemando tolderías y masacrando a sus habitantes, todos ellos trabajadores agrícolas, en su mayoría indígenas de las etnias mocoví y qom.

Estos casos, al igual que lo sucedido en Santa Cruz, dejaron: un número apreciable aunque impreciso de huelguistas muertos, en el mayor de los casos anarquistas17 (con excepción de Napalpí), durante gobiernos radicales, en territorios nacionales (excepto la provincia de Santa Fe), mediante el ejército nacional y en procura de mantener el statu quo socioeconómico de esas regiones: estancia o latifundio de capitales extranjeros. Y por supuesto, muertes, fusilamientos, torturas y detenciones que se efectuaran para salvar la patria y al buen argentino, por ello, no resulta un dato para nada despreciable la participación de la Liga Patriótica como fuerza de apoyo de las tropas militares en los sofocamientos.

Entonces, aquí es donde se unen las dos historias, que son una y con mayúscula, cosida con el mismo hilo…el ejército nacional.

Desde fines del siglo XIX la aventura de consolidar el frente interno llevó al joven Ejército Nacional al papel genocida de incursionar en la Patagonia primero y en el Chaco después. Respecto al espacio comprendido en las actuales provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, el dominio nacional fue más tardío, siendo los estancieros extranjeros y en parte la Iglesia (curas salesianos) los puntales.

Luego de las campañas militares muchos de quienes las habían protagonizado encararon y acompañaron la pionera obra de descubrir lo ya descubierto. Algunos militares fueron nombrados gobernadores de los territorios conquistados al indio (Ramón Lista, Luis Jorge Fontana, Carlos María Moyano, etc.18) exploraron los confines del país levantando mapas, llevando a cabo estudios de geodesia, prospecciones mineras (Agustín del Castillo) y construcción de caminos. Las preocupaciones ahora serían dos, Cuadernos del Archivo Nacional de la Memoria 11 consolidar la frontera no ya indígena sino con Chile19, y poblar esos territorios, ahora sí, desiertos… de indios.

En relación a la cuestión de la puja sobre la soberanía de la Patagonia, la avanzada demuestra una gran similitud de ambos lados de la cordillera andina. Los nombres son fungibles: lo que aquí llamamos “Campaña del Desierto”, en Chile se llamó “Pacificación de la Araucanía”. El resultado es similar, despojo territorial y conformación de las estancias, cuyos propietarios en muchos casos coinciden en ambos países.

La aventura científica del ejército nacional tuvo como resultado la creación del Instituto Geográfico Militar, recinto en el cual se debatieron límites, accidentes, mapas, etc. Fue creado en 1879, siendo su presidente Estanislao S. Zeballos, el autor de “La conquista de quince mil leguas. Ensayo para la ocupación definitiva de la Patagonia (1878)”.

En los años subsiguientes empieza el proceso de reparto y concentración ya mencionado de la tierra conquistada, muchos de sus beneficiarios serán la patronal estanciera contra quienes se les declarará la huelga general, siendo protagonistas principalísimos de los sucesos de 1921/1922 en Santa Cruz.

Años en los que el Ejército dejará la geografía y la geodesia para retomar las armas.

EL 2 de febrero de 1921 desembarcó en el Territorio Nacional de Santa Cruz el 10 de Caballería “Húsares de Pueyrredón” al mando del Teniente Coronel Varela y tras mediar exitosamente entre los peones rurales y los estancieros, regresa a Buenos Aires.

A fines de octubre de ese mismo año, ante el incumplimiento de la patronal y con la finalidad de lograr la libertad de obreros detenidos, se declara la segunda huelga. Varela regresará el 9 de noviembre, las consecuencias serán funestas y macabras.

Dependiendo de la fuente que se tome la cantidad de fusilados aumentará o disminuirá considerablemente, al tiempo que no ha habido ningún acto que de modo oficial haya tendido a reconocer y reparar lo sucedido. A partir de 1922 la maquinaria del silencio trabajó a destajo.

No obstante ello, se impone destacar la labor emprendida por el historiador Osvaldo Bayer en su extensa obra “Los Vengadores de la Patagonia Trágica”, quien emprendió la tarea de rescatar del olvido las causas y fatales consecuencias de las huelgas de 1921 y 1922, otorgándonos de modo preciso y contundente la estructura de las fuerzas en pugna, las visibles y las no tanto.

Es imposible hablar de las huelgas patagónicas más allá de los carriles trazados por Bayer, no sólo por lo profundo sino también por lo exhaustivo y abarcador.

Ya el título “Los Vengadores de la Patagonia Trágica”21, y siempre que se refiere a los huelguistas como vengadores de los excesos cometidos por estancieros contra los indígenas patagónicos, sintetiza muy bien la idea de territorio en disputa, de frontera, que desde arriba puja por su institucionalización (vigilancia y control), que llamamos territorios nacionales, y el referido componente social no deseado por la nación (indígenas y ácratas).

El propio Bayer cita un artículo del diario “El soldado argentino”22, que ilustra con meridiana claridad la tensión que se genera al unir los términos nación y ejército,

 

“El bandido de los valles, de las rocosas quebradas y de los bosques, el erseguido por la justicia por sus robos y sus asesinatos, el temido de la sociedad por lo sanguinario, el paria sin familia, sin hogar, sin religión y sin Patria, surge asesino y devastador como antes el indio, para incendiar campos, para asaltar estancias, y en su acción de pillaje, destruir la obra paciente del hombre”

  • Extracto de un documento del Archivo Nacional de la Memoria. El documento completo lo puedes descargar aquí.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.