INCERTIDUMBRE

LO QUE NOS DEJÓ LA PANDEMIA

Por Karen Rodriguez

 

 

“Lo único que sabemos es lo que nos sorprende: que todo pasa, como si no hubiera pasado.“ —  Silvina Ocampo

 

La pandemia nos atravesó el cuerpo, la cotidianeidad, nuestros planes, la rutina, los proyectos, las planificaciones y todo lo que suponemos y proyectamos a diario. Es común escuchar con frecuencia a las personas decir; “ya veremos qué pasa”, “depende cómo siga todo”, “no quiero arriesgar” , “ lo vamos viendo”. Estas frases se han ido aplicando a los diferentes planos: laboral, económico, amoroso, etc. Entonces me pregunto si la pandemia como tal nos deja como resto los resabios de lo incierto o nos potencia aún más la falta de implicación que hace tiempo venimos sufriendo los sujetos de nuestros tiempos.

 

La palabra incertidumbre quiere decir falta de conocimiento seguro, falta de certeza. Esta certeza tiene que ver con aquello que está resuelto, que es preciso, que es real. Durante mucho tiempo los seres humanos sufrimos de la falta de certeza de que carece el encuentro con el otro. Es decir hubo una época en que no sabíamos nada acerca de la vida del otro. ¿Por qué digo que hubo una época? Porque como todo en la historia de la humanidad hubo un quiebre, dado por el boom tecnológico que alcanzó a influir en nuestro comportamiento, lenguaje, costumbre y maneras de comunicarnos, educar entre otras. 

 

Si hasta el momento para muchos el Otro era una incógnita y funcionaba a partir de esa pregunta, las TICs nos brindaron algo nuevo. Nos brindaron la ilusión de la tan anhelada certeza. La posibilidad de saber dónde se encuentra el otro en tiempo real, si leyó los mensajes, si está conectado o en línea, la actividad social que tiene, la frecuencia con la que publica. Nos atrapó la ilusión de pensar que sabemos todo acerca del otro y dejamos de preguntarnos, de tener incógnitas, de fantasear lo que podría estar haciendo. De repente la fantasía se convirtió en una interpretación certera acerca del Otro. La tecnología nos brindó herramientas y también fundamentos para asegurar dónde, cuándo y con quién está el otro.  Esto me hace acordar a la serie Black Mirror: en el capítulo llamado “Caída Libre”, se ve cómo la sociedad se ve atrapada y las relaciones humanas atravesadas por las redes y la tecnología.

 

Un capítulo como lo es esta imagen donde se puede apreciar varios cuerpos en un mismo espacio sin interacción alguna. Una escena que transcurre sin estos cuerpos. Porque para que haya escena se necesita de una trama real. Mi pregunta es: ¿qué pasa con estos cuerpos que quedan atrapados en la ilusión de la pantalla creyendo ser parte de la escena sin serlo? ¿Qué sucede con la escena real? ¿Es posible una escena virtual sin los cuerpos? Sin embargo esos cuerpos allí captados por la ilusión de saber acerca del Otro por medio de sus redes virtuales. 

 

Podríamos pensar que en estos últimos 30 años cada día más la tecnología nos tiene tomados y juega con la satisfacción de creer que lo sabemos todo acerca del otro. Nos brinda infinitos mundos de posibilidades. Y en la pandemia esto se incrementó, ya que nos adentramos cada día más al mundo virtual. Vivimos dos mundos paralelos; el real y el virtual. Las nuevas preguntas de hoy son ¿La reunión es virtual o presencial? La pandemia y el confinamiento incrementó aún más el uso tecnológico y acrecentó la brecha de las desigualdades para quienes no pueden acceder.  

 

Lo interesante es que la pandemia nos mostró el rostro de la incertidumbre, de no saber cómo continúa la cosa de ahora en más. Al principio del confinamiento no sabíamos de qué se trataba, miles de interpretaciones al respecto y continuamos sin saber, sin embargo el otro rostro es crear la ilusión de la certeza. Es por eso que nos adentramos cada día más al mundo virtual que nos brinda dicha ilusión. Se pierde cada vez más la posibilidad de habitar los espacios reales, de habitar los espacios públicos, las plazas, los super, los clubes, los recitales etc. A veces da nostalgia pensar el mundo antes de la pandemia, vivíamos con incertidumbre antes de la aparición del internet. Por ejemplo, íbamos a la casa del amigo, vecino para coordinar un encuentro para mañana, y nos implicabamos mucho más, dado que si el Otro estaba ausente había un costo para eso. Hoy no hay un costo por ausentarse, hay varias formas exprés de ausentarse: el famoso visto de los mensajes de WhatsApp o el mensaje de último momento.

 

La pandemia nos dejó como resto la incertidumbre de que no todo está programado, no todo es seguro, no todo lo sabemos, no todo está asegurado, ni la salud, ni el trabajo. Nos mostró que el sistema falla. Que no alcanza con la red de internet, que es necesario el Otro con su incógnita. Es necesaria la incógnita para extrañar, para amar, es necesario no saber todo acerca del otro para desear, para ubicar al otro como sujeto respetando sus espacios. Necesitamos vivir con la incertidumbre, no toda pero sí en parte, para crear y proyectar. Porque si tenemos todo asegurado, ¿dónde queda lugar para preguntarnos, descubrir, anhelar, sorprendernos? ¿Dónde queda el asombro y la sorpresa acerca del otro?

 

LIC. KAREN RODRIGUEZ

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