“MI POESÍA ES UN ESPEJO EMPAÑADO POR ROSTROS DE UNA SOCIEDAD TRIZADA”

(Redacción Mercosur)

 

Por atrevimiento indagatorio al círculo quejoso donde gritan valientes guerreros  de la denuncia poética, pedimos declaración testimonial a Lucio Albirosa, un poeta ortográficamente rebelde, de tinta coraje y transgresor de las reglas literarias, en  su repentino horario del decir. Escritor peregrino saliendo por ventanales de la marginalidad a ver el día en que comulgan, en abrazo invisible, los nadies y soñadores. Morocho argentino de tugurio bravío, con índole hereditaria de alguna antigua y épica legión escudando resistencias, marcado sobreviviente de inviernos derroteros  grabados en su mirada penetrante, directa y pensante. Lucio vive en Mendoza, suele disfrutar la melodía del río y las piedras. Al mínimo pronóstico de tormentas entromete su pluma en la deriva, disfruta el arraso intemporal alma afuera y huye de sí mismo por precavido. Se salva.  Es romántico bajo muestras absolutas de reserva y consolidado bohemio sin escalas. Finge ser normal, elude al sistema y no hay epílogo de cierre a su larga letra, a su interminable libro donde todo concluye y resucita constantemente.

 

La hora pico y sus motores activan rutinas y jornadas. Lucio Albirosa bebió un café de apuros, perfumó su cuello y  lentamente el picaporte  abrió sus puertas al tanto vuelo expresivo de las palabras. El poeta está acá. El alfarero sale de su trinchera para moldear la arcilla ventricular de un futuro íntegramente retardado. Un amarillento anotador, obeso de pensamientos sin conteo, nos saluda desde el bolsillo de su camisa encuadrando whipalas. Nada es ficticio. El escritor en cuestión, este sujeto polémico; es un actor repartiéndose en cada toma ilustrativa de remiendos e ignora su papel descocido y principal. No habrá director ni ensayo para esta obra sin guiones donde caerán las caretas por obligación estricta. Acción. El cuerpo desnudo de la poesía y los harapos vivientes salen a escena.

 

Un tango mordido en el reloj gira su muñeca lunfarda. Saluda cordialmente las arrugas de una abuela de semblante maternal cuya aureola bendice toda huerfanidad, mientras barre amanecidos anhelos. Su gomina mal peinada salta el puente debilitado y maloliente que divide las manzanas sin escrituras ni planos titularizando existencia a este campo desconcentrado para tanta guerra. Abajo del salto juega la correntada cloacal rebalsando estiércol y desprecios de un estado ausente. En ese circulo de ausencia crea un polígono de tiro el poeta. Apunta, se proyecta y dispara por instinto:

 

“Los de arriba miran para otro lado, total está todo bien y no pasa nada. Ellos no ven la mierda de su gestión. Te muestran estivales  millones dibujados y reiterados del arreglo realizado en la plaza central, cada otoño y verano. Listo! Con eso basta!. Dirán que es pujante el avance del pueblo y la publicidad bien negociada bajo cuerda se hará  cargo de toda la credibilidad  necesaria, e intencionada al descaro, mintiendo, donde van llamando de antemano y seguro, nuevas candidaturas; otro puesto o banca donde mamar la teta siempre fortificada en impuestos descarados, caviloso pezón de abundancia alimentando una manada de lobos, devoradores de ilusiones, la elite de la prole; los del festín privado donde sirven hasta el empacho las partes del negociado tan callado, esa  tajada sátrapa de estafas tantas veces mostradas en carteles imponentes a modo de inversión y gasto, y etcétera más etcétera.  No valen nada los del rancherío para ellos. No figuramos. Somos terrenales vivos de un altiplano sin raíz ni riego; cifra indocumentada, anónima y tumultuosa abultando inminentemente, y sin ninguna consideración: la medida de pobreza existente en este bendito país. Tristemente lo digo: somos la negación de un sistema dañado, la otra cara tras el paredón levantado por la clase alta evitando mirarnos. Cada cual analiza a su modo y parecer a este crimen reincidente, postrado desde las generaciones papíricas desarchivadas por la historia, este criminal sin escrúpulos arrastrándose impune de exterminio hasta el horizonte indescifrable de futuras generaciones instalándose dogmáticas, sin espera ni llamado.”

“Dos clases componen socialmente un núcleo deshumanizado en el globo terráqueo, circulo dividido a rajatabla, partido con una grieta abismal entre clase alta, poderosa y ponderada,  clasificando y rotulando desde el asco oligárquico a los desheredados barriales privados de casi todo, y la otra: multitudinaria clase desclasificada donde pregona su lamento una guitarra lastimada, dando cuerda a la canción sin dicha ni partitura que anda oxigenando nuestro paisaje. Causalidad y consecuencia. Pareciera que unos llegan al mundo para sobrevivir a indigencia o pertenecía a un ‘todo me falta’, y los adversos; quienes son bienvenidos a disfrutar la vida en su lujo perpetuo, con el sedentarismo de visión y solidaridad nunca transferido a cuentas bancarias, el descaro visible tapado por un brillo de anteojos a marca bien tazada; lo inocuo y nocivo de cerebros mirando solo números, poder,  siempre más ambiciosos, descomunales tontos por ciento calculando más ingresos para tapar caudalosas ausencias de felicidad y su valor como personas ya embargado y cotizado en la misma nada. Así veo esta realidad y no concuerda mi razonamiento con los del otro lado del muro: esa muralla elevada a piedras y diferencias.  Venimos del polvo y al polvo volvemos. Nosotros, los de abajo, sentimos en cada perra estrella el avance a la mortandad y hasta planificamos otra suerte de vivencia más allá del Edén dudado . Ellos, creo yo, hasta ignoran que aún envueltos en oro en su día final, no tendrán para el regreso.”

 

Lucio no preguntó siquiera por la modalidad de la entrevista, esta especie de indagatoria a realizar por afán inicial ya sumariado. Nadie creerá en su modo acertado, en su estrategia sutil y astuta de atacar por sorpresa y sin campana de aviso. Suena su silabeo favorito para el nockaut. Golpea duro y ya lo han padecido muchos malintencionados de la prensa, a tal punto de salir ellos corriendo tras alguna respuesta a la quijada de preguntas realizadas a su empinada estampa. La firmeza de su reacción en palabras es idéntica al gancho sentido en el hígado del preguntón, avisando desde el quiebre de su cintura, la caída sin aire y porrazo sin cuenta regresiva para la entereza destruida del oponente. Él sabe que lo odian, que pueden surgir nuevos interesados para ese resentimiento generado en masas minoritarias y seriales; talvez por discrepancias ideológicas, por pensar distinto, por descreer una blanda verdad o dudar sobre aquellas formas y maneras de ver el mundo o solamente por no aceptar razones ajenas a su criterio y pensamiento. La sinceridad del poema suele dar ese paso separatista y expectante entre el amor y el odio. Él lo tiene muy claro. En otras ocasiones, ajenas a reportajes y entrevistas, se ha ganado el rechazo y el asco de ciertas gentes por el sencillo fundamento de leer sus poemas en voz alta. Nada desprendido de la malicia le hizo mella. En otras festividades incontables aprendió que la sangre y las manos de todas y todos los hermanos pueden habitar en un poema, de puro autodidacta  supo dibujar allí la esperanza invencible sobre un tremendo carruaje sin fronteras. Descubrió al cobre piel genealógico emponchando su antepasada esencia y sintió en el adentro hondo del corazón a infinitos ancestrales buscando el maíz milenario y sus primitivas tierras arrancadas por la bandera conquista grabada en espadas y encuadernada en una biblia bendiciendo leyes y muertes al degüello, persignaciones santificando sentencias y horcas para la indefensa raza. Albirosa sabe de memoria la historia impuesta y también la otra, la no oficial siempre aprisionada. Esta sapiencia se aprecia en su poema “Carta para Andinia”,  por ejemplo, y en todo su material impreso, donde juega cartas a modo de historiador conciso. Cuenta su origen y peripecias, cambia de tema, combina. Tiene demasía indivisible su carretel de etapas sin vacaciones ni feriados. Sigue…

 

 

“El polvo que mencioné  para describir el principio y el final de la humanidad, también es el que viaja en mis zapatos sin pomada siguiendo las huellas de toda utopía. Paremos un toque!  Es bueno detenerse antes de llegar al cemento de una avenida cualquiera, urge  mirar el ritmo apurado de gentías obligaciones agolpándose en semáforos nerviosos, y salirnos del ruido. Se han sellado los labios de la sombra y crecieron los árboles. Ahondemos cada detalle de esos ojos ingresando a un ómnibus sin línea ni destino. Oigamos todo más allá del smog contaminante, escuchemos al tren de estaciones marchitas, el rugir león de bocinazos trayendo el sol hasta los techos del barrio bajo; hasta la despectiva “zona roja” presumida por la prensa a la hora de dar su nombre vertiginoso en las noticias, al sensacionalismo prontuario exclamado a propósito por el atrapamentes psicópata, siempre marcando la impuesta obligación de venderte el humo pagado por insensatos desde la comodidad del sofá. Vibra el andén, los vagones de carga son bobas retinas hipnotizadas por el elegante bien vestido de seda cruzando botones buchones de elegancia. Él, tras su largo saco titiritero, está probando un invento armado para entretener a giles. Los giles están ahí, frente a ese tipejo de voz gruesa, un adulado profeta  predicador de los temas principales; el del baboseo orgásmico de señoras decentes que sueñan ratones desprendiendo su corbata, cada vez que sus maridos se ausentan sin rendir cuentas o cuando, agotados reiterantes de trampa y en otra cama, sueñan con lo no disfrutado; con la mentira apariencia de familias perfectas y fidelidades sin sortija mostrada hacia afuera de la casa…”

“Todo eso sucede cuando te desinforman desde el canal más renombrado y cholulo. Te trasladan desde el encendido hasta más allá fronterizo donde pierden su visa los vencidos de inconciencia. El cuarto poder es omnipotente. Su atractivo es el opio de las antenas y desde allí; mediante transmisores ondeando cuerpos, atrapan el aire y el viento. Llegan a la humanidad con furia inescrupulosa, besan sus mejillas sin pausa programada. Los televidentess han perdido el tacto y gozan de inocentes, por pecadores impolutos entregando su conciencia al esclavizador social más conocido. Ellos ceden las partes íntimas de toda comprensión al señor psicópata, a ese violador de las realidades, al amo del espacio en que te toman la irresponsabilidad ya asumida de no obedecer otra regla más que la introducida por el poder multimedios; esa convicción pervertida generada por el señor comunicador noticiero de turno. Así estamos… Yo  tomo la vía a contramano de los títulos descreídos a diario, del campanario sensación leído por quienes nunca dudan. Yo te canto las verdades más profundas e impensadas de ese sitio vital sin pantallas, te transmito en directo y exclusivo las buenas malas del pantano donde también hay vida y humanidad ninguneada. Venga, pase, vea. Crea.”

Lucio Albirosa

“Describo mi aldea, sus tesoros esperanzados, la constancia figurada en su pecho de esperas, la precariedad sin clemencia galopando su prado y también la bendición maternal tras nueve meses de luna y espera. Me digo: hay que llenar el cacerío con bibliotecas, juegos, talleres donde capacitar a la juventud actual sin metas propuestas: darle forma adversa al alambrado lleno de púas tatuando agachadas. Pintarlo todo, completo, soñarlo distinto. Sin embargo pincelo el lienzo con el gris verdadero de su firmamento y con ese negro congojo desvistiendo hasta el tuétano su malaria. El barrio, la barriada argentina cita en cualquier punto cardinal sin mención. A veces no hallo el don elocuente para narrarlo todo ni poética que acapare tanto barro.”

Otra esquina. Atravesar todo el descanso adolescente y sus lunas quebradas bajo focos apagados de posibilidades y salidas. Las paredes del barrio de enfrente tienen similitud a pieles curtidas donde la juventud dibuja trémulos corazones y banderas. Lucio mira las casitas a izquierda y derecha. Conoce los laberintos del despojo, palpa su polen a la flor escasa de las latas y silba. Voltea hacia atrás, busca el nacimiento cotidiano, sus particularidades. Doña Blanca ya quedó lejana. Él regresa hasta ella…

“Los ríos de dolor, en el rostro de la abuela, son el oleaje de un mar ahogado en la profundidad de la historia del gran cacerío actual, doña Blanca inició la humildad del sitio, las páginas de barro citadas por la marginalidad. Nos vio crecer de improvisto a muchos de acá y su nombre innumerable de solidaridad no cabe en ningún registro”: esta vez habló en prosa el poeta.

Quiere seguir hablando. Antes enciende un cigarrillo. Honda pitada y observa entre el humo al verano doliendo eneros o el otoño deshabilitado en su raíz de espera. Hay una tremenda ausencia en sus retinas y, en apariencia, otra lágrima resistiendo a ser descubierta. Una pausa, tres minutos y algo pareciera faltar entre las sombras del poeta. Ha quemado hasta el filtro su remolino interno. Se suelta otra vez…

“Recién te hablé de la prensa y sus artimañas. Te cuento esto porque es una verdad y cala muy al tope del fémur. La última vez que visitó la orilla del barrio un móvil del noticiero fue hace un año y meses, por darte un pantallazo. Vinieron a transmitir en vivo la muerte de un pibe que ultimaron en la esquina. Vinieron a filmar la sangre y a recaudar televidentes. Eso es un acto amarillista símil a la diarrea de quién usa a cierto sector urbano marginal como inodoro. La prensa bastardea toda ética y moral, nos llena de prejuicios y gozan la repetición de imágenes sangrías, hieren de  muerte a familiares y entre muecas del prejuicio celebran cada bala entrando al cuerpo  total del acuartelamiento nuestro: balas sistemáticas rajando todo el pulmón indocumentado de la inocencia. Las palabras acompañando al barrio, desde la primera vez y en título principal de tapa, fueron “conflictivo”, “peligroso”, “inseguro”, “de delincuentes”, “reincidentes carcelarios” y la dejo ahí. La tevé tiene un veneno siniestro y no solo margina, sino que también excluye a diestra y torcidas por oficio y rutina, poseen el manual sin objeción para sentenciar a los deshabilitados de equidad. En párrafos diversos obligan a la opinión pública a odiar a estos mal nombrados, a los cucos del bonachón señor que sueña matar un negro con visera, por simple gana infundada en la geografía bastarda de su ruina. Lo mataron una y otra vez al pibe, a quienes lo lloran hoy sin pañuelo, también…”

Luego, un silencio atesorado por lejanos cantares de catitas y gorjeo de gorriones. El grabador de voz está encendido hace rato, hay suficiente espacio allí para guardar el noviembre entero de pandemia llevándose vivientes desfavorecidos y el mes final del 2020 asoma con palabras nacientes al renglón sin final. Todo sucede y nada espera, transcurren los minutos y atrás fueron quedando las estelas de chapa y madera conformantes del popular barrio donde despertó hoy el cuerpo poético de Lucio. Él mira hacia el piso, frota sus manos, observa más allá del impoluto ejercicio de versificar hasta jamás nunca los girones del hombre todo y una mueca de incertidumbre invita a las preguntas…

Cuántos libros has escrito hasta ahora?

“Oficialmente, 13. Tengo dos obras inéditas aguardando resultados en concursos internacionales, una cajonera repleta de versos a medias y manuscritos por doquier que no me atrevo a releer. Cuando arranqué la difusión personal, en este camino de pluma y letra, era muy pendejo, no tenía manos llamándome al banquete de intelectuales ni editores interesados en un don nadie aprontando recién sus zapatos para andar. Compré una resma de papel y una abrochadora, tenía un amigo que trabajaba en una fotocopiadora de bajo precio y con las chirolas de la venta de diarios pagué las primeras impresiones en formato revista con hojas A4 abrochadas al medio. Escribía por las noches en la terraza de la pensión dónde vivía, me actualizaba con los cables de noticias cada una hora y el folklore de la AM fue culpable de mis tantas ojeras saludando mañanitas sin almohada y conocidos por ocasión o rutina del día. Cincuenta centavos fue el valor de la primera luz, el mismo precio de una hora del parquímetro por entonces. Andá calculando que, con los poemas vendidos, cubría el alquiler y me sobraba siempre para algún asadito dominguero entre amigos. Eso es también poético, o no?.”- Sonríe y sigue contando…

Estuve así más de cuatro meses, publicaba cada quince días veinte nuevos poemas. A la gente le llamaba la atención que el canillita escribiese versos o lo que yo creía ahí, en ese almanaque  de adolescente, que era poesía, no sé. De lo que si estoy seguro fue la cantidad impresionante de ventas obtenidas. Tenía que ir hasta dos veces por semana a comprar resmas de papel ya que mi amigo me hacía la gamba de no cobrarme las impresiones. Yo miraba el fondo de la caja que estaba llena hacía tres horas y ni entendía lo que significaba ser un “bet seller” de la esquina. Ahora lo recuerdo y me río solo. Como dije, cuatro meses en blanco y negro, sin ISBN ni eso tan reglamentario sobre Derechos de Autor. Nombre y apellido, nada más, ni biografía había para detallar. Poema para el barrendero, la vendedora de tortitas, el albañil, poesía a las hermanas de la noche, al atorrante de oficio, al político que me compraba el diario solo cuando llegaba temprano al despacho (siete u ocho veces al año) y hasta alguna letra de canción repentina buscando ritmo de bandoneones sin farol. Después vino el impacto…”

“Por esos años, en esa rareza de los 90’ dónde nos invadía todo lo extranjero, pegaba en Mendoza el grupo de las Malas Lenguas, poetas que admiré profundamente y hasta terminé siendo amigo de uno de ellos (del negro Rubén Valle, un monstruo para el peligro bendecido). Yo había comprado la colección de las Malas Lenguas y comenzó a interesarme el atractivo de las tapas a color. El antojo tenía su toque robusto de capricho y lo quería todo ya. Se me cruzaron mil imágenes en dos segundos y hasta creí ver mis poemas en la vidriera de una librería, delirio vivo y sentido si los hay. Ni lerdo ni perezoso fui volando a imprentas y comercios del rubro a pedir presupuesto. Sobre la marcha llegó el diseño y las tapas a color para mis poemarios. Obvio, el experimento poético ya valía un peso y yo amaba cada moneda recaudada. Después, como de prisa y sin pensarlo  llegaron invitaciones a cafés literarios donde más de una vez bostece aburrimientos, rondas de lectura para corregirnos entre pares aparecidos sin aviso y hasta entrevistas en la radio (en Génesis FM fue la primera). De golpe, sin imaginarlo, le estaba habitando su celoso espacio a la palabra y sin pedir una cuota de  permiso.”

Compromiso social mediante acciones y versos. Cómo enlazas esta acción conjugada entre darse y decir?

“Sería “enlazar” la palabra acorde? A ver, mejor dicho asevero como un rito eso de unificar lo realizado con lo que luego expreso, sin sujeto ni predicado, sobre lo acontecido apenas recién. El broche es un poema, digamos, un texto finalizado a belleza y verdad que puede bien doler, llamar más adentro del ojo lector o simplemente mostrar una realidad llevada a cabo por el bien común y necesaria de visibilidad, ya sea para contagiar la actitud solemne de darse en beneficio de quienes más necesitan, o bien, con la intencionalidad inquebrantable y a yugo de sacar a relucir heridas nuevas y las llagas nunca sanadas en este costado social. También suele pedir algo el texto, rogar, invitar a la unión de manos para ayudar a alguien, en fin. Es amplio el índice de motivos que se desprenden a la hora de escribir sobre la cornisa del día multitudinario donde a cada minuto nacen las necesidades y las ausencias de un algo o un todo. Ejemplo: si ayer largue una colecta de alimentos para un merendero desde las redes sociales y hoy cuando voy a entregarlos veo un cielo gris en los ojos del niño que espera su taza de leche, mientras se fuga un dedo desde sus zapatillas gastadas por la fatal emergencia de dignidad azotando su techo debilitado a cartón y a su puerta insegura de nylon, dalo por hecho: el poema sale triste, con rabia y lágrimas, sin comas y con toda la furia preguntando por las razones fundadoras de tanta angustia dando vueltas al costado giracolor de la pobreza. Es un envión de cruces anudadas en la garganta que se escupen sobre la hoja por mandamiento poseso. Cuando concluye la entereza del mensaje desnudo y su intencionalidad comienza a concretarse, otro final hurga destinos posibles viniendo hasta la pluma. Empujo el tranco, deambulo los segundos, avanzo y sigo un norte incierto, sin brújula ni predicciones.”

“Después, como si la hipocresía necesitase siempre hacerse ver, la ruleta mundana clava su bola en el trece de yeta y la suerte inmerecida paga apuestas clandestinas para observar en la página oficial del funcionario mayor de tu localidad, las recién subidas fotos donde el electo mandatario aparece con orgullo airoso entregando mercadería en el comedor comunitario del barrio de enfrente, inaugurado apenas ayer. Ahí cambia hasta el inicio del poema y de hecho no mido el tamaño entre la primer mayúscula y el punto final. Obvio que ardo y te lo explico claramente para que entiendas de un tirón..”

 “No puede ni debe hacer semejante atrocidad ese tipo ni vos ni yo. Nadie. No podes celebrar la ayuda a ese lugar por más necesaria que fuere, no es un trofeo social la urgencia. El trabajo del político debe ser un acto correcto, para eso lo votaron en la urna. No puede pifiar la acción por la envergadura trajinada en el alto mandato que lo involucra y por la crítica destructiva balística al acecho, apuntando nerviosa e impaciente a su cabeza.  La empatía con el pueblo debe ser correcta y certera, él debe arbitrar los medios necesarios a su óptimo alcance y con ellos, voluntad y acciones a la obra, evitar que haya sitios adonde tengan que acudir los niños para comer debido a las carencias y faltantes colgados en la pared de sus hogares. La política tiene el deber de bregar para que cada pichón coma en su hogar, junto a su familia. Él y los suyos deben preocuparse por generar fuentes de trabajo, posibilidades dignificativas a la altura del pan seguro y diario. Si hay cada vez más merenderos en las orillas de nuestra sociedad, hay una problemática a tratar urgentemente y un asunto que resolver de manera prioritaria. Perdón, voy a toser hasta reventar la molestia.”

Albirosa está ensañado. No suelta el tema de sus manos. Transcurre un minuto, suficiente. Vuelve al ruedo y se manifiesta.

“Tengo esas fotos trasladándose en mi cabeza, muerden, mastican, ladran. Vuelvo a penetrar las imágenes del espanto, les aumento el tamaño para agrandar la tanta flaqueza nítida en JPG y maldigo con la claridad relevante de todo repudio. Me muerdo por no estallar. Nada se escribe con la mano cerrada de enojo por cuanto cuesta entender a la ignorancia por completo. Pienso… Me enrosco… Es evidente que el funcionario no funciona ni fusiona la magnitud del problema. Seguramente verá después los ‘me gusta’ de la gente en su red social y creerá ser correcto ejemplo de eso tan lastimoso que, sin entender, celebra. Ese es el momento exacto donde brota sin cese la bronca gorda, las letras malnacidas que a los renombrados señores incomoda y molesta; es cuando escupís diccionarios vertiendo malas palabras y todas van disfrazadas con sutiles enmiendas para evitar demandas y otras yerbas. Cobardes decisiones por abajo buscando borrarte, tristes ordenanzas sin notificación para censurarte o el Memorandun dándote ingreso a la lista negra de todo escenario oficial. Me atrevo a la queja pública y listo. No mido consecuencias, tampoco el riesgo que esto conlleva.”

Otro cigarrillo se enciende. Otra pausa, el agua besa la arena de su paladar. Respira. El poeta vuelve y encadena su fila de ideas obligándolas a avanzar hasta el grueso de su voz… Marchan.

“Igualmente, no por nada, siempre he celebrado más el acto de llegar con mi poesía hasta los hogares más invisibles del mapa que cualquier aplauso falso dado desde la primera fila de conveniencia ajena a mi persona. Hablo de diplomas del ocaso, de pergaminos a último momento para rellenar la desproporción entre lo que en verdad sos vos y cuánto ofenden al no tenerte en cuenta. Me planto y a secas, no declino. Allá ellos,  caudillos manipuladores de edictos acordes a intereses propios tras la cultura digitada a dedocracia y sus burros obedientes creyendo al artista un artífice necesario del entretenimiento mal llamado “espacio brindado”, donde la poesía no actuará ni de milagro, por el temor amenazante y libre de toda su expresión y crudeza. Me voy lejos. No me interesa el envase descartable donde caben ninguneos hacia el peatón navegante, la desvalorización del arte y  sus hacedores extendiéndose bajo un telón no tenido en cuenta sobre escritorios del absurdo inconsciente o en cajones festivaleros donde las posibilidades de crecimiento artístico se pagan con un cheque mendigo a tres meses de espera donde el valor escaso de la cifra muestra el abultado ninguneo y el maltrato invisible que nadie merece.”

“ Cuando llego a la humanidad amiga y familiera donde, por ejemplo, la voz patrona de Nely me pide que lea “Madre innumerable” de “El fuego de Juan Desdicha”, mientras revuelve fatigas espumando la olla aromatica puchero, entiendo claramente el sentido bendito y dichoso de escribir para y por los de abajo. Nunca pretendí caer bien a todos, es más, perdí muchas amistades por ligar de lleno mi protesta hacia el ojo del poder. Soy militante social y sigo una línea política. La política es hermosa, lo negro está en quienes prostituyen su finalidad. Te llenaste la boca en promesas de campaña y después te empachaste con olvido al sentarte en la banca, lo siento, yo estoy en esta vereda y escribo lo que al pueblo le hinca o desconforma. Como decía Cafrune: “Yo sé que en el pago me tienen idea…”

Cuánto pesa el pueblo, las injusticias y el reclamo en tu poesía social?

“Nunca subí a una balanza para eso, tampoco puedo medir lo innumerable. No hay invento para tal fin. Simplemente brota, esto emerge desde adentro. Nace y renace por un instinto que hasta yo mismo desconozco. Me sale y ataco la hoja en blanco, al igual que un payador improvisando al costado de un mostrador. Viene desde lejos la inspiración, desde muy atrás de los años. Recuerdo bien patente cuando a los cuatro años, y hasta después del jardín, recitaba poemas de Horacio Guarany, Cafrune y Argentino Luna, por nombrarte la altura de las manifestaciones. En 4° grado me dieron un Martín Fierro por penitencia y hasta hoy doy gracias. Te juro que no quería salir de la biblioteca. En ese mismo año fui maestro de ceremonias en los actos escolares y escribí mi primer poema. Después llegó la “Antología de Juan” y entonces la gratitud atestiguó fielmente que Tejada Gómez, el que juntó las manos y la sangre para unir la Latinoamérica completa en una canción, se quedó conmigo, entrecasa, y desde el pórtico luz custodiado por el huarpe milenario y ancestral, sale con ansías de hurgar las llagas abiertas de aquello siempre postergado. Lo mismo digo, de igual altura al siglo memorioso que supieron refundar a coraje y pinceladas en ese cuadro cuán digno  de plagiar sin otro trémulo objetivo más de ser condenado por no cumplir la certeza que obliga a vivirse simplemente todo el fundamento de la existencia, de un solo bocado. Hablo y simplifico la longitudinaria enseñanza y ejemplo brindada por Galeano y Benedetti. Después de estos tres monstruos, puede que todo signifique nada o menos…”

Lucio enciende otro negro cigarrillo, exhala hasta los pulmones una quemazón sin tregua y vuelve. Culmina la pausa. No acaba su elevado repertorio contestador, siente necesidad por englobar el interés abarcado en la mínima pregunta ya avasallada por una gigantesca erudición y plena sabiduría. La máxima meteorológica deshace el mediodía. El poeta urde sofocado sus hilos de error y elocuencia sobre un telar sin edad. Transpira desde el pie hasta las sienes, gotea, nos moja conjurando justeza y saliva paladeando un hipnotismo oyente ante la continuidad oratoria, sin repaso previo, viniéndose a romper sutilmente el témpano congelado entre tanto mar frío de miradas. Rompe el hielo y los moldes.

“Dejo el volante libre, sin señal por respetar ni destiempos a contramarcha. Me voy a lo cuestionado en soledad, ante el espejo rezongón donde miro al otro siniestro e indeciso yo: el renegado vacío discrepando por tozudo con la verdad cantada en su nariz. El otro, el que llora oculto buscando la forma a un amor infinito expulsado hasta el Olimpo donde posa victorioso su orgullo pelotudo; el otro, con defensiva acerada protegiendo su adentro de hierro sin flaquezas, el otro; ese que evita brindarse por temor a la entrega incompleta, el que yace en su duda y vela un pánico eterno nunca escrito. Ambos suelen encadenarse y abrazarse entre las misiones riesgosas ordenadas por la poesía comandante y suprema.”

“A veces creo que mi poesía es un espejo empañado por rostros de una sociedad trizada y ahí es donde la carne duele sin piedad. El cuerpo sangra, se abren las heridas y la necesidad de gritar. A mí me duele el dolor del otro, de la otra. No tengo remedio a la sensibilidad postrera internándose amarga en mi propia hiel, estirada hasta la médula rota del alma hermana, desde donde me transporta mudamente. Me empuja al abrazo, incita a tender la mano y a escribir espinas, penares y rimbombantes minúsculas chistando cómplices a la ternura; siempre lejana del entero complemento que salva y hasta resucita la integridad agonizando en este preciso momento; yá, sobre basurales, donde los mendigos de sentimiento buscan sus partes ya deshechas.”

Imaginaste alguna vez la trascendencia de tus poemas a nivel internacional y la cantidad de reconocimientos obtenidos hasta hoy?

“Sinceramente, no. Yo escribo a cada rato y por gusto encomendado de algún dios capataz de este tiempo o por la fuerza propia creada entre las venas de un misterio. Escribo en el colectivo, en los cafés, sobre la almohada y hasta en medio de las marchas de protesta donde las pancartas son el ejército sin generales levantando fusiles obreros, trabajadores sudando pólvora estallido de desganado, los desarmados a impaciencia. No hay explicación lógica que revele lo veraz del impulso poético. Si alguna vez tuve deseos por alcanzar algunas metas, siempre los empujé. Caí agotado una y mil veces en el intento, me levanté pisando imposibles hasta sentir a las ganas jamás vencidas acariciar la piel terrenal del esfuerzo, sita en esa línea paciente de llegada  esperando desde antes a la alegría que provoca arrancar sus flores al imposible y reír a carcajadas tras hacer del inalcanzable un hecho concreto. Confieso la culpabilidad excesiva del festejo alma adentro, secreto sabido de memoria por los huesos, y también pronuncio el pecado sin culpa de olvidar todo lo perdido o extraviado entre los errores y aciertos servidores de experiencia necesaria para el resto venidero. Salió con rima, no? Pasa siempre, acontece cuando celebras la algarabía de ser, estar y seguir, más si le hiciste trampa al destino muralla que priva y tira palos a todo comienzo.  De ahí, de esos palos golpeando mis rodillas nació la guerra contra las adversidades y las mil batallas ante el tirano opresor que tortura y mata voluntades en silencio. Cada día hay una nueva meta a vencer. Para el que padeció faltantes de todo tipo a lo largo y ancho de su permanencia sobre el proletario sendero, por donde caminan descalzos los privados de progreso, lo que llega para bien es bienvenido y se agradece sin enmiendas.”

“Nada sobró a mi bagaje ahondando entre esperanzas y versos incorregibles burlando pronósticos desdichados y creídos por la masa carnal; mansedumbre aprendiendo desde el parto a ser obediente sin posibilidad de estallido ni queja. He burlado los finales viniendo obsesivos hasta la flaqueza mía heredada por adioses y mortandad, sigo entero y altivo pero mi vergüenza dirá algún día que mi espada victoriosa no rozó jamás el cuerpo del rey sin corona del olvido.

 Tengo dos caras. El otro yo pronunciado a mitades y tras la sombra incompleta establecida en el documento único sin registro, ese otro me pesa. Ese y yo mismo vivimos peleando por inercia sentida, entre migajas cosquilleando al estómago y los lamentos sin cuenta cayendo gigante en lágrimas por lo no conseguido. Me faltó demasiado para cumplimentar el ayer desenterrado en cada cantar de gallos masoquistas. La existencia me privó de muchas cosas en el rodar y algunas de esas cosas llegaron después a modo compensatorio, seguras talvez, pero tarde. Debo fundar el inicio y desconozco sus raíces. Prosigo la respuesta…”

“Mis libros recorren el país y he viajado con ellos a muchos lugares. Es necesario mirar a la cara a todo aquel inquilino de mis poemas, a quien se adueña de tus obras desde la suelta, amo esos encuentros. Celebro todo lo bello del universo, mucho más la sinceridad otorgada por aquel abrazo necesario llamándonos a la vuelta de un domicilio cualquiera. Celebro así y hasta le doy tinte de zamba para ser canturreo entre las farras. Celebro con champagne al igual que con el agua saliendo del único surtidor del barrio donde la espera inquita se forma en baldes y latones, me da lo mismo usar traje que una camiseta de San Lorenzo de Almagro, acaso mi locura entera; mastico el caviar más caro en una mesa de gala al igual que el guiso sin carne bajo un techo de sinc con goteras. No me cambió en nada el renombre de escriba, soy genuino y sencillo, humilde, porque aprendí desde el guardapolvo sin aulas y en los pizarrones de tanta academia callejera: que un charol en el pie no te hace más persona de lo que no sos ni serás, aunque engañe la apariencia. El tamaño de toda persona es diminuto ante la grandeza que provoca ser siempre el mismo en cualquier lugar y espacio. Un viaje internacional en avión no quitó mis ganas de pedalear por los pasillos del barrio donde no existe ni existirá la primera clase… En cuanto a los reconocimientos, estandartes o sentencias vestidas con halagos de algún oscuro precio, llegaron solos y los valoro según la retina de quién me los entregó. A veces son mimos al oficio o un firulete rumbo al archivo sin interés encuadernado sin antojo ni motivo, otros presentes v diplomas fueron abundando la cárcel sin fondo, deshabitada de sentencias, dónde fallecen los extremos inentendibles del azote lastimero. Vamos caminando de prisa hasta creyendo en la fábula incierta donde crecemos por inercia y más nada. Que avancen los demás, con sus mochilas persiguiendo esto y aquello inconcreto. A mí dejame el día a día donde sueño despierto y a cara lavada el arte maravilloso de sentirme útil ante quién más lo necesita. En ese resplandor recibo la certificación sin sello colmándolo todo. Eso es no vivir en vano.”

Cómo transcurre el aislamiento social y preventivo en tu labor literaria y cultural en general?

Aproveché cada día para encontrarme con la creación, el cosmos conspira. Trabajé bastante las letras de canciones para diferentes ramas del cancionero folklórico y escribí dos libros más, gracias a ellos me critiqué yo mismo y saqué rédito a la inspiración. Todo sumó.

Qué significa la literatura en tu vida?

“Digamos que mi consideración sobre la literatura puede orillar otros preceptos ya tallados en lo coherente filosófico y en el conciso pensante.  Ella, la literatura, sabe a Edén y pecado. Es un peligro inminente, una amenaza constante, un dedo inquieto en el gatillo, un sicario a sueldo jugando a perdurar sin ser descubierto. Literatura es liberación, rebeldía y rotura de cadenas, es esa fuga mágica sin planificar que inventamos para  huir del mundo común y descubrir mundos posibles. La Literatura es una religión obligatoria a la que obedecemos sin culpa ni rezo.

En lo respectivo a la poesía social, considero que va más allá del raigambre académico, dada su forma y pronunciamiento. Ella sale siempre del canon estético. La metáfora, bajo este método legionario utilizado para situar realidades y denunciar mundanamente cualquier dolo; es comulgar con las situaciones cotidianas de quién sufre, lucha y sueña. La poesía de protesta suele carecer de prestigio ante eruditos críticos de lo superficial. Es un grito para el reclamo inaudito postrado en el sordo oído donde el poeta debe mostrar sus versos hasta aturdir su quejoso por qué. Es un andar de entrecasa para describir los ingredientes familiares que forman el amor y las necesidades servidas en la mesa. Es también, creo, ese canto versificado y sin métrica saliendo de la boca del niño que mira al sol y ríe inocente en su ternura, porque desconoce toda maldad e ignora al monstruo adulto e inhumano de la inconsciencia. La literatura, para mí, socialmente hablando, es habitar de palabras y verdad esa gran página vacía de amor por el prójimo, es la utopía infinita de un abecedario inagotable  buscando arduamente un idioma que pronuncie inmediatamente la paz soñada, la imperfecta muerte del hambre, la germinal ceguera del desinterés, un remate final desatando la venda a tanta injusticia, que describa sílabas de igualdad y derechos. Necesitamos un abecedario cuyas letras vivas puedan completar el mundo mejor que nos debemos.”

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