VIRUS

 

 

Por Patrick Boulet

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Para Ramona y Luis Armando Espinoza

La expansión mundial del COVID-19 construye un recorte, inesperado en el inicio del 2020. Un particular dibujo de la economía, la política y las relaciones sociales de consecuencias difíciles de ver entre la niebla de informaciones parciales e intencionadas.

El primer dato, que pareciera obvio, pero nunca deja de percibirse totalmente, es la profunda injusticia del capitalismo. Contrariamente a lo dicho reiteradamente está injusticia no es uniforme en todo el planeta. Ser pobre es duro siempre, pero no es lo mismo en Dinamarca que en Sierra Leona, luego contraer el virus tampoco lo es.

El segundo dato, el ataque no es  transversal a todas las clases sociales. Si bien en  primera instancia impactó fuerte sobre viajeros de ingresos medios y altos  que habían visitado los primeros lugares de circulación occidental ( España, Italia) , luego los datos de los países de más duro ataque del SARC  II( USA, Brasil, Ecuador, Rusia, Reino Unido , Chile, por citar algunos) no dejan dudas de la relación entre posibilidades de enfrentar al virus y situación de ingresos, también la mortalidad es mucho más alta en los sectores populares.  Argentina por supuesto no sale de ese mapa.

Un problema importante sigue siendo entonces la distribución de los bienes, con tímidas medidas de los revalorizados Estados para tratar de que los saqueadores paguen algo de los costos de pandemia. En nuestro país la atinada y valiente medida de postergar pagos de la vampiresca deuda externa con los bancos, no encuentran el mismo ritmo en el casi obvio impuesto al 1% de los millonarios argentos que pagan aquí mucho menos  que sus primos bajo la monarquía de Ángela Merkel. Ese desafío es troncal para la economía que viene, cobrarle impuesto al capital más concentrado, no un impuesto excepcional como dice el proyecto del diputado Máximo Kirchner sino permanente. Uno de los pocos caminos de corto plazo para sostener la inversión social, el otro es el aumento de la producción y el consumo pero eso lleva más tiempo. De paso es muy oportuno rescatar el noventoso proyecto de cobrar un gravamen a las transacciones financieras que permitiría regular las escandalosas ganancias de los bancos.

“Pero la diferencia es que las fantasías de George Orwell hoy son totalmente aplicables y detrás de la pantalla no está el monstruo del Estado, si no los bancos y las empresas, detalle no tan debatido entre quienes advierten sociedades autoritarias…”

En esa injusticia, los mecanismos de vigilancia y control que tanto preocupan al promocionado Chun Han, no se aplican igual sobre poderosos y pueblos. Nos parece importante marcar esto,  la vigilancia electrónica y el violento accionar de la policía es para el pueblo en Wuhan, Milano, New York y Mendoza, los ricos y famosos pasan por el costado, porque pagan al vigilante. Parece raro que al filósofo de onda, se le haya pasado este detalle. De todas formas el crecimiento de la Vigilancia, aún con el argumento válido de Cuidar, nunca es buena noticia para los pueblos y  la potencia que los medios informáticos le dan a ese control no es nada nuevo, la literatura lo describía exactamente aún cuando no había compus. Pero la diferencia es que las fantasías de George Orwell hoy son totalmente aplicables y detrás de la pantalla no está el monstruo del Estado, si no los bancos y las empresas, detalle no tan debatido entre quienes advierten sociedades autoritarias No hay otra opción, en el capitalismo, que la vigilancia social la ejerza quien controla los medios de producción, no los funcionarios de los gobiernos que finalmente son sólo empleados.

“Nos parece que no elegimos terrenos de pelea sino que damos batalla en todos los que existan y esto es fundamental en la batalla cultural que se librará mientras exista el capitalismo…”

El trabajo contrahegemónico dentro y fuera del Estado, es el  elemento a construir en el camino de resistir primero  la concentración de capital y luego avanzar para que la tortilla se vuelva,  La antigua mística callejera de la revolución deberá combinarse con la lucha de bytes. Nos parece que no elegimos terrenos de pelea sino que damos batalla en todos los que existan y esto es fundamental en la batalla cultural que se librará mientras exista el capitalismo, la Revolución por Zoom, tendrá que ser parte de la pelea.

La compleja  situación de las relaciones sociales modificadas por el aislamiento obligatorio dejará sin dudas sus marcas. El infierno más temido ocurre muchas veces detrás de la puerta. , en donde la violencia y el patriarcado encuentra a sus víctimas ahora con menos escapes. Al mismo tiempo la ausencia de espectáculos en donde se sienta la adrenalina de la multitud está encauzando la libido por caminos raros. La advertencia de la filósofa argentina Esther Diaz sobre el extrañamiento de lo corporal ilumina estos nuevos sentires. Las pantallas no reemplazan el contacto y es claro que esto es muchísimo más amplio que el sexo virtual.,que de paso llenó los medios de “advertencias”,  tan foucaultaneamente propagandísticas.

Cierta romantización del aislamiento en relación con  encontrarse con uno mismo, el nuevo abordaje del tiempo y la “desnudez” que el COVID nos deja;  parecen insustanciales si no se analizan en cada sector social, en cada territorio, desde la mirada de género y …

Recién empezamos a transitar el camino posataque de la peste y aparecerán variadas novedades, pero ellas serán en base a la mezcla de las actuales condiciones de desigualdad estructurales, las que eran muy prexistentes. Nos parece que intentar percibir algo del camino de adelante  deberá basarse en un riguroso análisis de la desigualdad económica, social, cultural y política que es diversa en cada lugar del mundo

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