LA CONDUCTA HUMANA A TRAVÉS DEL TIEMPO..

PARA REFLEXIONAR: : LA CONDUCTA HUMANA A TRAVÉS DEL TIEMPO..

 

Por Alejandro Luis Sanfurgo

 

Leemos a Lucio Funes en su trabajo,” Recuerdos del Pasado” escrito en 1937, donde señala el párrafo que expresa…”Y cuando comparamos los tiempos idos con el presente, añoramos de corazón las épocas que ya no volverán, en que si bien se vivía con escaso confort abundaba en cambio, la sinceridad, gratitud, lealtad y buena fe, sentimientos éstos que no van teniendo cotización en plaza, aunados a la sencillez de vida y rigidez de principios de nuestros mayores, que rendían un verdadero culto al honor y a la amistad. Nuestros padres eran parcos en palabras y cuando la empeñaban, sabían cumplirla. Hoy en cambio, se considera como viveza el ser inconsecuente y tránsfuga y el que practica tan provechoso deporte, tiene abiertas todas las puertas y goza del respeto y consideración de los demás. A menudo suele oirse en los principales centros manifestaciones como éstas: -Yo no fuí zonzo y me acomodé a tiempo; ¡Que se jodan los demás!..”

                                            Mendoza 1861

En 1932, Agustín Álvarez, en su obra “Breve Historia de la Provincia de Mendoza”,auspiciada y publicada por el gobernador de la Provincia, Ricardo Videla, mediante un decreto que señalaba la intención de estimular el sentimiento de amor a la Provincia, nos aporta una serie de testimonios sobre el terremoto del 20 de mayo de 1861 ocurrido en dicha Provincia. Uno de ellos relata: “…las sombras se han disipado, la luna brilla de nuevo, la ciudad es un montón de escombros; imposible transitar por parte alguna; el incendio presenta la imagen de un volcán avivada por el aguarrás, la pólvora, el gas, los cohetes, las botellas de licores, los frascos de ácido de las boticas y mil materias inflamantes que estallan con estruendo. De todas partes se alzan gritos desgarradores clamando auxilio, la voz de ¡socorro! no cesa, de entre los escombros asoman cabezas, medio-cuerpos, brazos que se agitan inútilmente por desprenderse de los maderos y terrores que los estrechan. Tres cuartas partes de la población apretada es indudable que vive, tanto porque el clamoreo es inmenso, cuanto porque la vida humana no se arranca inmediatamente, sino por un golpe muy acertado. Tres, cuatro, quizás cinco mil almas se salvan si se los socorre pronto. Empieza, por fin, a verse gente de pie que recorre las ruinas dirigiéndose al comercio, esa gente se multiplica de momento en momento, hasta llegar a centenares de hombres; pasa insensible a los gritos por entre los que piden favor, nada oye, a nadie salva, esa gente que proviene de las zonas marginales , se lanza ahora al saqueo de las tiendas en medio de las llamas y de los temblores que aún derrumban murallas y techumbres. ¡Socorro! ¡humanidad! suenan mil voces, ¡auxilio para mi hijo, para mi padre, para mi hermano!.

Al día siguiente fueron extraídas algunas personas por sus dedos y hasta los 19 días después del terremoto se han encontrado al excavar los edificos para sacar los muebles, personas vivas que se habían alimentado de granos de tierra. Sin embargo, es preciso fijar el hecho positivo, que desde el día siguiente de la catástrofe, nadie ha pensado en buscar el cuerpo de un solo individuo; los que han sido hallados con vida, lo han debido únicamente a la casualidad”. La lectura de estos párrafos nos abren una serie de interrogantes respecto a las conductas sociales y el tiempo, en relación al contexto cultural que se vive en esos momentos. Seguramente Lucio Funes adhería a “todo tiempo pasado fue mejor”, frente a un presente que mostraba un retroceso en determinadas conductas en vías de extinción. El testimonio presentado por Agustín Álvarez, casi 70 y tantos años luego del hecho, nos mostraba conductas casi deshumanizadas en un contexto trágico. Es de manual, cuando se investiga un hecho tanto social como político, no perder de vista el contexto socio-cultural del momento en el cual se está desarrollando dicho fenómeno. Sin embargo, hay corrientes de pensadores en ciencias sociales, que opinan que el hombre carga con una serie de conductas casi primarias, que lo acompañan durante toda su vida. Como dice el filósofo coreano, Byung Chul Ham respecto al COVID-19, “El virus nos aisla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. Cada uno se preocupa por su propia supervivencia”. No estamos tan seguros como el pensador coreano, pero tenemos nuestras dudas. Estamos más cerca de pensar que frente a una catástrofe como un terremoto o una pandemia, el individuo medio es capaz de valorar lo público y plantear una salida colectiva frente a ese cataclismo, cambiando radicalmente su subjetividad y la forma en que venía concibiendo al mundo. Gracias, por supuesto seguiremos trabajando sobre el tema.

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